Si hay un domingo marcado en rojo en el calendario de Lucena es sin duda el del primer domingo de mayo. El Día de la Madre es para la ciudad el de su Patrona, María Stma. de Araceli. Un día de reencuentro pero sobre todo un día de devoción a raudales.

Cada primer domingo de mayo Lucena se vuelca la Virgen de Araceli, que convierte a la ciudad en el “velón de mil corazones” encendidos de amor por la “Madre Dulce y buena”.

Tras la Solemne Función Religiosa –este año 'adaptada' a las exigencias de la retransmisión de la misma por 13TV–, a las 8 de la tarde se abrían las puertas de San Mateo para que se iniciase la procesión. En esta ocasión la Virgen, vestida con la saya y manto blancos de la Coronación, fue “paseada” por la cuadrilla de santeros mandada por Manuel Roldán, recogiendo el fervor de los lucentinos, expresado también en forma de miles de pétalos de flores cayendo desde los balcones y de fandangos aracelitanos.

Acompañaron a la Patrona de Lucena la Aracelitana Mayor –Araceli Dorado Muñoz– y su corte de honor, Agrupación de Cofradías y cofradías filiales; la corporación municipal bajo mazas; representantes de la Policía Local, Guardia Civil y Cuerpo Nacional de Policía; del Colegio de Abogados y los Juzgados de la ciudad; clero y un sinfín de fieles y promesas, alumbrando con sus velas y haciendo interminable el cortejo procesional, que abría la Agrupación Musical Stmo. Cristo de la Humillación –con casi 120 músicos y la participación de componentes de bandas y agrupaciones de Doña Mencía, Priego, Osuna, Sierra de Yeguas, Mijas y Baena, con motivo de su quinto aniversario– y cerraba la Banda de Música de Lucena

Antes de entrar en el templo, se apagaban las luces de la Plaza Nueva y la Virgen se aproximaba a San Mateo, mientras empezaban a iluminar el cielo lucentino miles de cohetes, en una magnífica sinfonía de pólvora, humo, color y música, en un renovado alarde pirotécnico de treinta minutos de duración que incluyó algunas composiciones musicales aracelitanas específicamente diseñadas para la ocasión para ganar en sincronía y otras ajenas a la tradición local.