Lunes 16.07.2018
COFRADÍAS

Galería: Jueves Santo: Sangre y Mayor Dolor

A las nueve de la noche, el Cristo de la Sangre, dibujaba su sombra alargada sobre los muros del templo dominico de Santo Domingo. El Cristo "tarasco", de origen colonial , procedente de América y asociado de forma indisoluble a nuestra Semana Santa desde mediados del siglo XVII, abría las puertas de la iglesia de forma deslumbrante, convertido el trono "de carrete" de sabor malagueño en el que se procesiona desde 1985 en una barroca sinfonía de rojos y dorados, salpicados ayer por el color morado de su adorno floral. Esta joya de la Semana Santa lucentina tenía este año como manijero a Jesús Jiménez Fernández.

Impresionante el crucificado, en manierista escorzo sobre la cruz. Solemne y sobrecogedor este cristo muerto de arcaizante barba bífida, sobre el monte de flores a sus pies, rodeado de tulipas de cera roja y oro al compas de las primeras saetas desde el balcón de la cofradía, frente a su templo, en un Jueves Santo completo en las calles de Lucena.

La cofradía de la Sangre es todo un clásico de nuestra Semana de Pasión y se caracteriza por el orden y seriedad de su desfile procesional y la nutrida presencia de mantillas y hermanos de vela. Fundada en 1924, gracias a un grupo de empresarios de la industria y del comercio local, presidido por Francisco Pérez Mateos, ha sabido conservar sus señas de identidad hasta nuestros días y constituye uno de los grandes atractivos de la Semana Santa.

Y tras el escalofrío, la dulce y serena belleza de la Virgen del Mayor Dolor, acompañada por una numerosa corte de mantillas. Contrastando el negro de sus vestidos con el rojo y el oro del palio de esta hermosa dolorosa de Castillo Lastrucci, restaurada en distintas ocasiones, la última por el insigne imaginero sevillano Luis Álvarez Duarte, y procesionada sobre uno de los conjuntos de andas más completo y pesado de la Semana Santa lucentina. Miguel Roldán Moralejo fue este año su manijero.

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