Paliques lucentinos: Las pedreas de lampazos

Paliques lucentinos: Las pedreas de lampazos (Publicado en EL PORVENIR  nº 17 del 10 de octubre de 1931)

Es costumbre antiquísima en Lucena la de formar pedreas con trozos de lampazo, nombre vulgar con que es conocido aquí el fruto, por esta época en sazón, que venden en las esquinas las castañeras, de la flor que tiene la propiedad de irse volviendo hacia donde el sol camina, o sea del girasol, en el segundo domingo del mes de octubre, en que se conmemora la fiesta de la Virgen de la Aurora, de gran arraigo en la población lucentina, durante la procesión que se celebraba y antes y después de ella.

Este año por las circunstancias tan difíciles y especiales  porque atravesamos, no ha salido la procesión, interrumpiendo con ello una tradición de tres o cuatro siglos.

Pero no se ha interrumpido, en cambio, la costumbre de las pedreas con los trozos de lampazo, costumbre que por su antiguedad y salvajismo debe ser sin duda "prima hermana" de aquella otra también bárbara de disparar tiros a troche y moche el dia de la Virgen de Araceli y cuando ésta subía y bajaba de su Santuario.

Y no sólo no se ha interrumpido, sino que debido al ambiente de luchas, pasiones y odios que existe en toda la nación, se ha recrudecido de tal modo que ha rayado ya en el abuso y en el escándalo.

Es una  verdadera verguenza contemplar lo que ocurria en la calle del Peso anocheciendo y hasta cerca de las doce de la noche, en donde unos mozalbetes, dueños de ella por completo, establecieron su campo de acción, apedreando tenazmente a todos los transeuntes y muy especialmente a las señoritas que pasaban por allí, manchandoles los vestidos con los trozos llenos de barro por estar reciente  el riego del pavimento y llegando, incluso, a causarles molestias con los golpes en la cabeza y en la cara.

Es intolerable que en un pueblo culto, que aspira por cierto a tener un Instituto de 2ª Enseñanza, ocurran y se consientan estas cosas, que serán todo lo tradicionales que se quiera, pero que se pueden suprimir facilmente, como lo están siendo otras tradiciones más cultas y  artísticas que producen más sentimiento en el pueblo sensato y que se confunda lamentablemente la libertad que nos ha traido la República, con el libertinaje y desenfreno de unos mozalbetes que antes de molestar al público pacífico debieran dedicarse a ir a la escuela para civilizarse, que buena falta les hace.

Publicado en EL PORVENIR nº 17 del 10 de octubre de 1931