• Sábado, 10 de Diciembre de 2016

Mi grillo ya no canta

Hace varias semanas, un grillo me despertó a las tres de la mañana cantando de una manera exagerada, grillaba tan fuerte que la vigilia me duró horas.

No sé exactamente como se coló en mi patio, en nueve años viviendo en esta casa nunca había entrado ningún grillo, pero este pequeño insecto ha estado desvelando mis noches durante días.

Lo he buscado por todo el patio pero no he podido dar con él, he deseado atrapar a ese ruidoso bicho y sacarlo de allí para poder conciliar de manera normal el sueño, hasta busqué en internet la longevidad de estos animalillos…

Pero anoche todo cambió, el grillo, que vive en mi patio desde hace semanas, ha dejado de cantar.

¿Cuántas veces he deseado que dejara de hacerlo? ¿Cuántas noches he pasado maldiciendo a ese bichejo escondido junto a mi ventana? A pesar de mis deseos, hoy he echado de menos su grillar. Me he arrepentido de mis malos deseos hacia él, siento que ahora mi casa no tiene tanta vida si mi grillo ya no canta.

Reconozco a la perfección el sentimiento de vacío por el silencio de su cantar. Sé cual es esa sensación porque ya la he vivido antes. Arrepentimiento, culpabilidad. Deseas que algo o alguien se aleje momentáneamente de ti y cuando lo consigues, ese alejamiento te inunda con su vacío.

El tiempo, la pereza, ir dejando las horas, los días o incluso los meses pasar y darte cuenta de que ese mensaje o esa llamada que estabas posponiendo por falta de tiempo o de ganas ya no tienen sentido, ya no es necesaria porque ya está en ti ese vacío.

Hace un tiempo decidí valorar cada momento de mi vida, porque alguno podría ser el último, pero a menudo se me olvida, se me olvida disfrutar de los rayos del sol que iluminan mi zumo mientras desayuno, se me olvida reír de cosas tontas porque estoy demasiado concentrada para darme cuenta de ellas, se me olvida sentir la brisa fresca en la cara y respirarla profundamente notando como llena mis pulmones, también se me olvidan las sonrisas de mis amigos y de mi familia y lo mucho que me gusta escucharlos reír a carcajadas, a veces incluso se me olvida quererme y me dejo llevar por pensamientos negativos hacia mí misma, creyéndome culpable de que “mi grillo haya dejado de cantar”.

Muchas veces pienso en el karma y en que todo mal pensamiento se te devuelve, en ocasiones triplicado, y que soy merecedora de las cosas malas que me pasan.

Pero no, no es que sólo me pasen cosas malas, no, es que muchas veces se me olvidan las buenas que me están pasando, las paso por alto, las dejo ir, sin disfrutar de ellas, sin saborearlas, sin que me calen.

La vida no siempre es felicidad y sonrisa, la vida tiene penas, llantos, malos momento. Y todo ello junto es simplemente vivir. Cada minuto es distinto del anterior y en lugar de prestar atención a que el grillo que vivía en el patio ha dejado de cantar, deberíamos haber disfrutado de cada grillar, para luego no tener que estar anhelándolo, tan solo lo tendremos que recordar con cariño.

Cada momento es único, la vida no es tan larga como a veces pensamos y si dejamos escapar las sonrisas, los rayos de sol y la brisa, estaremos dejando ir la mitad chula de la vida, la mitad que llena y que marca, la que nos hace felices sin darnos cuenta.

Si alguna vez vuelve a entrar un grillo en mi patio, sin duda, disfrutaré cada una de las noches de su canto y cuando ya no esté, recordaré, sin anhelo, sólo con cariño, lo feliz que me hizo esas noches.

Pero por si no vuelve a entrar ninguno… ¡Hoy voy a disfrutar de los rayos de sol iluminando mi

zumo mientras desayuno!