Martes 23.07.2019
COFRADÍAS

Galería: La austeridad de la procesión del Crucificado del Silencio abre el pórtico del Jueves Santo

Una Plaza Nueva expectante, completa, aguardaba a que el reloj del ayuntamiento marcase las doce de la noche y se iniciase el Jueves Santo lucentino. A esa hora se apagaban las luces del alumbrado público y de los comercios del recorrido oficial. El toque fúnebre del campanario de San Mateo y el sonido sordo de los tambores comenzaban a hacerse presentes en el ambiente: se abrían las puertas del templo para dar salida a la Hermandad de Tambores Enlutados del Stmo. Cristo de la Misericordia, el popular Silencio, sin duda el más "castellano" y austero de los desfiles procesionales que se celebran en nuestra ciudad. Primero los de tambor y posteriormente los de vela, los hermanos de la cofradía tomaban la calle de la Villa, el pasaje del Cristo del Silencio y la cuesta del Castillo, para llegar a un Coso repleto como siempre de público, aunque en esta ocasión, el Cristo no pudiera atravesar su calle central debido a las obras que se vienen realizando en el paseo desde hace unas semanas.

Fundada en 1955, en el entonces Instituto Laboral Marqués de Comares como Cofradía de estudiantes, la cofradía del Silencio procesiona un crucificado del siglo XVII y de autor anónimo procedente de la desaparecida Escuela de Cristo se veneraba en "Hospital de Niñas Huérfanas existente en la Plaza de Aguilar, hasta que en 1933 pasó a San Mateo. En los años 1969 y 1970 acompañó a esta Congregación la Hermandad de Tambores Enlutados de Baena, lo que impulsó a crear una Hermandad similar adscrita a la Cofradía y que hoy constituye una de sus principales señas de identidad.

Ayer fue su manijero Francisco Moreno Carmona, un hombre de la cofradía.

A falta del paso por el Coso, nos quedamos con el tránsito de la cofradía por la Cuesta del Castillo, en medio de la oscuridad, tímidamente rasgada por la luz de las velas portadas por los hermanos y los cuatro hachones de cera roja del recogido trono en el que se procesiona el impresionante crucificado, en medio del silencio, sólo roto por el sonido de los tambores enlutados y el toque de la trompeta de Antonio Durnes Fuentes, que este año se despedía de este cometido tras treinta años como precursor y protagonista del himno musical de la madrugada del Miércoles al Jueves Santo. Jesús Mármol y Juan Antonio Domínguez garantizan el futuro y ayer hicieron sonar la trompeta en honor al Cristo muerto de la Salud y Misericordia con su maestro.

La cofradía que preside como Hermano Mayor Jesús Rodríguez López, ha estrenado este año cuatro ciriales de acolito, Manga o Cruz Parroquial, y toque de duelo a lo largo del itinerario, así como la candelería para los cultos celebrados en tiempo de Cuaresma en San Mateo, tras la restauración de los antiguos ciriales del anterior trono del Cristo del Silencio.

Las fotos son de Sergio Rodríguez.

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