martes 11.05.2021
Cofradías

Galería: Nuestro Padre Jesús Nazareno bendice a Lucena en el Viernes Santo

 

A las seis de la madrugada, reviviendo una tradición secular, salían los cinco pasos de la cofradía de Jesús a un Llanete repleto de gente tras la llamada de hermanos de la Hermandad de Tambores. Nuestro Padre Jesús desde La Capillita y el resto de imágenes desde San Pedro Martir. Un Viernes Santo que se truncó en funesto por la pérdida fulminante de Pepe Ranchal Jiménez, contraesquina del manijero de Nuestro Padre. Una sobrecogedora noticia que sacudió a Lucena a primera hora de la tarde.

Solo el crepitar de la cera rompía la oscuridad expectante cuando se abrían las puertas de la capilla para dar inicio al día más grande de la Semana Santa lucentina. Jesús aparecía en el cáncel y el murmullo se convertía en silencio, solo roto por el torralbo de Antonio Gálvez y Jesús Marchena y el sonido de los primeros redobles del tambor en el interior del templo.

Es salir Jesús y un escalofrío recorre el cuerpo de los presentes, repitiendo un rito que se pierde en el tiempo y nos habla de viejos dominicos entre las reconstruidos muros de San Pedro Mártir, al amparo de una vieja cofradía llamada del Gran Poder de Dios. Tras Jesús, ganaban la calle las Santas Mujeres Verónica y Magdalena, San Juan Evangelista y la Virgen del Socorro del maestro Álvarez Duarte, con el manto granate y el palio de riguroso negro.

Luego, con el alba rasgando las vestiduras de una noche en retirada, la marea morada de los hermanos de Jesús hacía suyas las calles Curados, La Aurora, Cabrillana o Las Torres. Se asomaba el día, cuando, a las 8 de la mañana, los cinco pasos de la Capilla se alineaban en la Plaza Nueva para asistir al Miserere y Perdón y la bendición de nuestro Padre en una jornada de cielo azul infinito y sol radiante.

Más tarde vendrían el esforzado paso por las angosturas de la calle Flores de Negrón o el durísimo horquillo –largo, interminable– de la calle Las Mesas, antes de llegar al Coso. En la cruceta imaginaria entre el Paseo del Coso y la calle Juan Valera, muy cerca de la antigua cárcel, el Señor de las Espigas, una vez más, miraba amorosamente a su pueblo. La emoción apagaba los últimos murmullos del gentío y la mano derecha de Ntro. Padre Jesús Nazareno comenzaba a moverse y bendice por segunda vez al pueblo de Lucena. Una voz rasga el silencio extendido sobre la multitud para gritar “¡Viva Nuestro Padre!” y obtener la respuesta a coro de la multitud: "¡Viva!". A partir de ese momento los "¡vivas!" constantes y las emociones –contenidas durante unos minutos– reventando el corsé de la espiritualidad del momento, mientras el sonido afilado del torralbo anuncia que Jesús sigue su camino para adentrarse en el paseíllo musical de "La Saeta" que popularizara Serrat, interpretada por la Banda de Música de Lucena.

Más tarde, la siempre complicada vuelta de la Purísima, las saetas balconeras en el Casino en las voces de Antonio Nieto, Joaquín Muñoz “El Mata” o Virginia Gámez o el tramo de la calle El Agua, en el que la imagen manierista de Jesús es entregada al pueblo y cualquier hermano puede sentir el peso de la madera sobre su hombro, sentirse más cerca de Dios durante un horquillo único, que es gozo y emoción. Finalmente, el Señor de las Espigas volvía a su templo, otra vez entre saetas y, tras Él, los restantes pasos de la cofradía nazarena.

MANIJEROS

Este año, la más venerada de las imágenes de nuestra Semana de Pasión, salía de su capilla a hombros de la cuadrilla mandada por Agustín Lara González.. Tras los pasos de Jesús Nazareno, bajo el trono de la Santa Mujer Verónica, fue manijero Rubén Bueno Fernández.

Una joven cuadrilla, mandada por David Trujillo Maireles, santeó bajo el paso procesional de María Magdalena, mientras que en San Juan Evangelista fue Jesús Algar Sauca el encargado de tocar el timbre.

Por último, bajo el palio negro estuvo Miguel Ángel Redondo Calvillo, mandando a la cuadrilla de la Virgen del Socorro, magistral obra de Duarte, esculpida a imagen y semejanza de su antecesora, destrozada por un lamentable incendio.

Para todos ellos y para el resto de sus cuadrillas fue sin duda un Viernes Santo memorable. Y es que nadie que no haya estado en Lucena un Viernes Santo por la mañana puede entender la profunda devoción de un pueblo que despide a Jesús con lágrimas, que en unos días se convertirán en alegría con la Bajada de la Madre Dulce y Buena de Araceli desde el Santuario, en un ciclo de emociones que se repite cada año en Lucena, cuando llega la primavera.

Momentos mágicos de un Viernes Santo que en Lucena se viste de color morado y del amarillo de la cera vertida por calles y aceras por los “hermanos” de Jesús. Esencia misma de la Semana Santa de Lucena, que la Venerable Archicofradía de Ntro. Padre Jesús Nazareno ha sabido conservar a través del tiempo, como ese sabor entrañable de las estampas añejas.

Ese “desorden organizado”, que dijera durante años desde la televisión local el eterno Juan Parejo, ese caos armónico de sensaciones derramadas entre los primeros brotes de la primavera que presumen los naranjos de la Plaza Nueva o los plátanos reales del Coso, resume a la perfección una Semana Santa que encuentra su punto diferenciador en la santería, pero que comparte con otras ciudades andaluzas una palabra: Devoción.

Les dejamos algunas fotos de la procesión de Ntro. Padre Jesús Nazareno realizadas por Sergio Rodríguez.

Galería: Nuestro Padre Jesús Nazareno bendice a Lucena en el Viernes Santo