Domingo 22.09.2019

El papel de los adultos para evitar la discriminación infantil

Durante la infancia la tolerancia hace actuar a lo niños con normalidad a la hora de enfrentarse a personas distintas a ellas

lucenahoy
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El papel de los adultos para evitar la discriminación infantil

Es más que evidente que la discriminación es un hábito que los niños y niñas aprenden, ya que en ningún caso los pequeños nacen sabiendo discriminar. Además, la discriminación tampoco surge de forma espontánea, sino que comienza en el hogar.

La discriminación de unos niños y niñas hacia otros se da cuando están expuestos a este tipo de conductas en su entorno más cercano, y ellos las imitan. Lo que ocurre es que los asumen como propios aquellos juicios de valor que se realizan en el contexto social en el que se desenvuelven.

Los niños y niñas no tienen los mismos estereotipos dañinos

Profesionales del ámbito de la psicología señalan que a lo largo de su trayectoria profesional, han podido comprobar que los niños y las niñas son mucho más tolerantes que los adultos, y que actúan con normalidad en el momento de relacionarse con personas distintas a ellos.

Estos apuntan que, en la mayor parte de los casos, en los talleres que realizan con grupos de niños y niñas, observan que en rara ocasión estos se tratan de forma desfavorable entre ellos por razones de edad, género, religión, nacionalidad, raza, idioma, diversidad funcional, orientación sexual, etc.

Es necesario tener en cuenta que la infancia también enfrenta problemas de discriminación, y que los adultos tienen que garantizarles su derecho a ser protegidos de este trato. Estos últimos tienen la obligación de terminar con cualquier tipo de  discriminación de niños y niñas, siempre que pueda hacerlo.

¿Qué se puede hacer para enseñar a los niños y niñas a no discriminar?

Existen muchas pautas que se pueden seguir para enseñar a no discriminar. Entre ellas está el fomentar en el hogar una educación basada en el respeto, la igualdad, la tolerancia y la aceptación de las diferencias individuales, así como enseñarles a pensar, sentir y actuar de forma inclusiva.

Es igual de importante que los padres pongan atención para no tener conductas discriminatorias, cuidando tanto las palabras como los actos. La discriminación se aprende, de modo que es trascendental que el comportamiento de los padres sea ejemplar. Estos deben además señalar a los niños y niñas y corregirles siempre que observen cualquier señal de discriminación hacia otra persona, sea por el motivo que sea.

Los padres deben también enseñar a tener empatía con los demás, y favorecer que se tenga una mente flexible, promoviendo que se conozcan distintas culturas mediante viajes, libros, películas etc. También tienen que transmitirle a niños y niñas la idea de que todas las personas son diferentes, únicas e irrepetibles, pero que aun a pesar de sus diferencias, les unen muchas similitudes.

Es fundamental también hacerle saber que nadie es mejor o peor que otra persona por su capacidad económica, su color de piel, su nacionalidad, etc. Hay que insistir en que lo que hace mejor a alguien es ser buena persona, y hacer sentir bien a los demás.

Los niños y niñas tienen que saber que todas las personas son diferentes, y por ello, no todos los pequeños pueden ser tratados de la misma forma. Pero ser distinto no es el problema, sino que este surge con el uso que algunas personas hacen de dichas diferencias.

En muchas ocasiones, las diferencias se utilizan para justificar un trato peyorativo hacia otra persona. Los adultos tienen la obligación de hacer todo aquello que esté en su mano para que ningún niño sea tratado de forma discriminatoria hoy en día en la sociedad.

Cuando el problema alcanza al plano laboral

Los problemas de la discriminación no se dan solo a nivel de trato, en forma de bromas de mal gusto, insultos o vejaciones. El problema va a veces tan allá, que se traduce en problemas sociales igual de graves pero que tienen lugar en otros entornos. Tal es el caso de la brecha salarial de género.

A menudo se repite dicha expresión, sin determinar demasiado su contenido, y mostrándola incluso como representación de una realidad menos compleja de lo que es en realidad. Atendiendo a una interpretación literal, parece que este concepto se refiere a diferencias de retribución salarial entre hombres y mujeres. Pero en ese caso, se puede estar malinterpretando el concepto de salario.

En España existe una legislación profusa que garantiza esa no discriminación salarial, a nivel jurídico. En esa perspectiva estrictamente jurídica de “salario”, no existe en general una brecha de género significativa. Ello siempre que se entienda el salario en su aceptación más restrictiva, como retribución por unidad de trabajo determinada. No cabe esperar en ese caso ninguna discriminación en las sociedades desarrolladas.

Las diferencias de retribuciones salariales por géneros no provienen tanto de diferencias en el salario, como de la internalización en el mercado laboral de la discriminación social que sufren las mujeres a la hora de incorporarse a la actividad productiva de carácter monetario, y durante el desarrollo de la misma. Es en este aspecto donde las diferencias de retribuciones salariales por género se encuentran especialmente ancladas en algunos elementos.

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