Jueves 19.09.2019
Lucena Hoy

OPINIÓN

A propósito de los MENA, por Verbarte

A propósito de los MENA, por Verbarte

El sueño de la razón produce monstruos. Goya

A mediados del siglo XX, Abraham Maslow publicó Una teoría sobre la motivación humana, obra fundamental en los ámbitos de la psicología, el marketing y la publicidad. La jerarquía de las necesidades humanas, recogida en su famosa Pirámide, es la base nutricional del capitalismo en sus vertientes social, económica y política. Las personas buscan satisfacer sus necesidades más básicas para, inmediatamente, atender otras necesidades y deseos de índole más accesoria.

Es evidente que las necesidades básicas o fisiológicas (comer, respirar o practicar sexo) vienen de serie en todos los seres vivos de forma natural. A partir de este primer escalón de la Pirámide, resulta complicado separar las necesidades del artificio sociocultural (ideológico) que subyace en ellas. Los individuos sienten como naturales unas necesidades que no lo son en esencia, aceptándolas como designios divinos o como inamovibles patrones culturales.

En el segundo escalón, Maslow sitúa la seguridad como aspiración universal a satisfacer de forma inmediata. Todo individuo es proclive a rechazar la inseguridad, que provoca sensación de malestar y miedos, y busca por todos los medios la seguridad. Maslow extiende el escalón de la seguridad a múltiples facetas de la vida: empleo, recursos, moral, familia, salud o propiedad, todas ellas constructos sociales que inciden en lo que se conoce como bienestar.

Pocas personas se plantean, el sistema no lo permite y lo penaliza, enfrentarse a los responsables de la inestabilidad en el empleo (neoliberalismo salvaje), los recursos (mercado insaciable), la moral (púlpitos religiosos y mediáticos), la familia (conservadurismo), la salud (sanidad y hábitos mercantilizados) o la propiedad (codicia financiera y consumismo). Es así como estas inseguridades inhiben a las personas convirtiéndolas en bombas a punto de estallar y a la sociedad en un campo minado.

Para liberar esta presión, consciente de las angustias que genera en la sociedad, el sistema económico que exprime a las personas establece espitas para que la parte menos racional y más cobarde de la población desfogue. En este contexto, la derecha más radical y sus medios afines no dudan en señalar enemigos “asequibles”, enarbolando la mentira como bandera, en los que descargar tal presión: extranjeros pobres, no cristianos, no castellanoparlantes y con diferencias raciales y culturales.

Tristes neuronas tullidas (demasiadas) asumen y repiten, cobardes, los falaces argumentarios que la extrema derecha propaga. Esa ultraderecha escala el poder para atentar aún más contra las seguridades aludidas por Maslow y enmascara sus intenciones con el nostálgico y peligroso populismo racista, misógino, homófobo y de bandera, mucha bandera, excesiva y vacua bandera. Una vez que alcance el poder, quienes la han aupado a él serán las nuevas víctimas de sus mentiras... y de sus pistolas, llegado el caso.

Hace casi un siglo, el populismo de ultraderecha escribió las más negras páginas de la Historia en Alemania, Italia y España. Costó sangre, sudor y lágrimas erradicarlo de Europa. En cambio, en España, ha perdurado infame e impunemente hasta hoy. “Dejen en paz –vienen a decir– a las élites financieras y empresariales”. Son esas élites las que roban vidas, salarios y bienestar de forma masiva y cotidiana, pero la ideología de extrema derecha propone el populista señuelo de expulsar a quienes señala como "delincuencia que viene a robar", de forma puntual y aislada, al pueblo la calderilla.

Verónica Barcina Téllez

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