lunes 29.11.2021

Opinión: "El derribo, entre Lucena y Luque", por Jesús Rodríguez

Opinión: "El derribo, entre Lucena y Luque", por Jesús Rodríguez
Opinión: "El derribo, entre Lucena y Luque", por Jesús Rodríguez
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Hace unos días saltaba a este medio la noticia de la más que probable marcha del Nazareno de la Pasión, conocido en nuestra ciudad como “El Derribo”, hacia tierras luqueñas, desde donde un día emigró hasta nuestra tierra.

Mucho se ha rumoreado de esta imagen durante los años que lleva entre nosotros. Entre algunas de las leyendas, una en particular ha sido la que le imprimió esa cariñosa denominación de: “El Derribo”.  Pero a pesar de ese apelativo popular, no fue encontrado detrás de una pared, ni tan siquiera en una demolición. Fue, Antonio Rodríguez Delgado, mi padre, el que logró traerlo a nuestra ciudad. Por aquel entonces, se encontraba buscando una pequeña imagen para procesionar en la Semana Santa infantil, a petición de D. Juan Miguel Calvillo, “Pitito”. Dichas gestiones no habían fructificado en la propia Lucena y, con ocasión del encargo de construcción en Luque de un edificio destinado a alojar una fábrica textil, se dirigió a D. Manuel Cuenca, párroco, en aquellos años, de la Parroquia de Nuestra Señora de la Asunción de esta población, al que conocía desde hacía tiempo. Buscando dicha imagen, ambos se dirigieron al desván de la parroquia donde, al abrir su puerta, se topó de bruces con la imagen de un Nazareno de semblante dulce y sereno. En silencio, con su espalda curvada, clamaba para perdurar en el tiempo ante su inminente “ejecución”. Porque esa fue la única realidad… todo lo que había en aquel desván, incluido este Nazareno, iba a ser eliminado. En aquel momento, paradójico si se compara con lo que hoy se reclama, no había ningún luqueño para evitar la quema, ni asociaciones luchando por su recuperación, ni tan siquiera cronistas alzando sus voces para conservar esa pequeña parte de la historia de Luque.

Fue solo mi propio padre, quien luchó por su merecido y necesario “indulto”. ¿Cómo iba a permitir que ese sereno y bondadoso rostro dejara de irradiar tanta paz a pesar del suplicio de esa cruz?.  Tenía que permanecer entre los hombres, ….tenía que perpetuarse en el tiempo. Y con el arrojo y la determinación que le han caracterizado siempre en su vida, logró traerlo a Lucena, un mes de marzo de 1977, con la esperanza de que aquí si fuese querido. No fue un robo, como se ha llegado a decir por Luque. Tampoco se hizo con nocturnidad y de forma ilegítima como afirma D. Rafael Luque Jiménez, Cronista Oficial de aquella población, en su artículo Se busca en Luque. Su partida fue acompañada de los documentos que hoy todos pueden consultar  y que este medio ha publicado y con el visto bueno del Obispo Monseñor Cirarda que, como testigo, estuvo presente en el momento de la firma. Todo está documentado, por tanto, no hay nada de ilegítimo e ilegal. No deja de ser cuanto menos sorprendente, que un cronista que debe basarse siempre en la autenticidad de los documentos y por lo general en hechos probados, afirme con tal rotundidad que la venida de este Nazareno a Lucena fue ilegítima. Es más, parece obviar que la dueña legítima de la imagen es la Diócesis, y por extensión, la Iglesia, toda la Iglesia.

Ya por aquél entonces, cuando partió hacia Lucena, esta peculiar imagen parecía que no era querida en su propia tierra. Su marcha no levantó ningún revuelo, ningún llamamiento. Prácticamente nadie notó su ausencia, como así lo demuestran los 35 años de permanencia en Lucena.  ¡Total…. estaba arrumbada en un desván y condenada a desaparecer en el mayor de los olvidos!. Pero su llegada a la ciudad de las Tres Culturas tampoco estuvo, al principio, acompañada de la paz y el sosiego que necesita toda imagen para ser venerada. Recaló, en primer lugar, en la Parroquia de Santo Domingo de Guzmán, pero allí, algunos cofrades que se autoproclamaban así mismos con la boca llena, tampoco lo querían... “no tenía la categoría exigida”. A pesar de lo establecido en el documento que hoy sirve para reclamar su vuelta a Luque, su primera salida procesional en 1977 se realizó desde la Parroquia del Carmen y, aunque su depósito fue aceptado por la Parroquia de Santo Domingo, nunca recibió culto allí… “no había sitio para Él”. Entre 1978 y 1984 si realizó su desfile procesional desde Santo Domingo, aunque al finalizar éste, debía irse, encontrando siempre el cariño y la acogida de mi familia en nuestra propia casa.

Finalmente, en 1985, ocho años después de su llegada, consiguió cobijo y calor fraterno, entre los brazos de los Padres Franciscanos. Y allí ha estado, en “su casa”, hasta nuestros días. ¡Al fin!, después de las muchas gestiones de mi padre que incluso le construyó su actual capilla, encontraba el rinconcito humilde y hospitalario que toda imagen necesita para estar expuesta al culto. Fueron necesarios ocho años para conseguirlo, incumpliéndose lo firmado por la Parroquia de Santo Domingo, y sin reclamarse su vuelta desde Luque debido a este incumplimiento. Se constituyó su Cofradía lucentina: “Cofradía de Nuestro Padre Jesús de la Pasión”, cuyos estatutos se aprobaron en 1985.  Posteriormente, en 1991, se fusionó con el resto de hermandades con sede canónica en la Iglesia de la Madre de Dios.

“El Derribo” es feliz aquí, a pesar de que aún existen muchos de esos “cofrades de boca llena”, empeñados en seguir manifestando que no tiene la categoría suficiente para ocupar un lugar en nuestra Semana Mayor. Él sabe que somos muchos más los lucentinos que sí le llevamos en nuestro corazón. Desde su llegada, no ha faltado ni una sola vez a su cita con nuestra Semana Santa a pesar, incluso, de la cercanía de esta el mismo año de su venida. Como no podía ser de otra forma, y a pesar de las dificultades, siempre encontró un rinconcito, en el corazón de muchos lucentinos,  para ser venerado como merece una Sagrada Imagen.

Ahora, para cumplir la paradoja, se han acordado de Él desde Luque. Han pasado, nada más y nada menos que 35 años para reclamar firmemente su vuelta a la serrana localidad. Tiempo han tenido para hacerlo… mucho tiempo, aun teniendo, incluso, los documentos y motivos suficientes, desde el primer día, para reclamarlo. Y los años transcurridos han hecho irremediablemente que su presencia esté lo suficientemente arraigada en nuestra Semana Santa como para que, su ausencia, sea un hueco difícil de llenar a pesar de los candidatos que ya se nombran por algunos lares de la habladuría gratuita. Cierto es que el documento no deja, a priori, lugar a dudas. Tan cierto como que –y de esto no me cabe vacilación alguna– se firmó en su día pensando en una posible reclamación de la imagen a corto o medio plazo o, incluso, por temor del párroco a que en Luque se levantase revuelo por su marcha. Pero aquella circunstancia nunca ocurrió.

Echo de menos, –pues no me consta lo contrario, aunque espero que se lleve a cabo-– que desde la Diócesis se interesen por la historia de este Nazareno, de manos de su principal valedor, para que llegase a Lucena...  Del por qué llegó aquí... del  por qué se marchó de Luque y  como le ha ido durante estos 35 años. Ante todo, la Iglesia y las Cofradías también, están formadas por personas, y aunque la decisión de su marcha sea la que tenga que ser, es siempre de agradecer que, quien ahora autoriza su regreso, se interese por toda su historia, al menos, para rendir pleitesía a tantos años de ilusiones, oraciones y devoción sentida.

A pesar de la existencia de los referidos documentos, no puedo evitar cuestionarme cómo, después de casi cuatro décadas de ofrecerle culto en Lucena, de tener su Cofradía, su Capilla en el Convento de RR. PP. Franciscanos, se puede suprimir de un plumazo esta larga historia y devolverlo a su punto de origen, donde nunca recibió ni el más mínimo cuidado. También me parece paradójico que, las voces que desde Luque se alzan ahora con más insistencia, lo hagan paralelamente a otras que atribuyen la autoría de la imagen al escultor Franco-Español del siglo XVIII Juan Miguel Verdiguier...  Paradoja, coincidencia o ... ambición humana. Quién sabe.

Pero si de todo este asunto hay algo que verdaderamente remueve mis entrañas, es la constatación, a través de testimonios de algunos cofrades luqueños, que afirman con rotundidad que, desde aquí, desde nuestra “querida ciudad de Lucena”, se ha alentado y animado en los últimos tiempos a la parroquia de Luque, para que reclame la imagen. Esto no tiene nada de paradójico, …más bien de poco sentido y deja muy claro la forma de pensar y de actuar de otros supuestamente “lucentinos de pro”.  ¿Qué oscuras intenciones tiene todo esto? .. espero que el tiempo desvele el misterio. Lo que si he sabido, y ya desde la propia Lucena, es que hay alguno que ha pregonado su alegría por la noticia, precisamente en un local cofrade de nuestra ciudad, como aquél que se alegra porque, la competencia de su negocio se traslada de barrio o el propio negocio se cierra definitivamente.. ¡“Competencia”…!. uno de los términos que menos sentido tienen en el mundo cofrade. ¡Qué forma tan baja de “retratarse” y de dar tan.… soberbio ejemplo...!  Y para más INRI algunos de estos que así se manifiestan, forman parte de una Junta de Gobierno.

Quizás sea cierto que quede sólo un año para la marcha de Lucena de esta Sagrada Imagen de Nuestro Padre Jesús de Pasión.... El tiempo lo dirá. Pero llegado ese  momento, espero que tanto en Luque como aquí mismo, todo lo que rodee a su traslado se haga en honor a la peculiar historia de este Nazareno. Me sorprendería que desde Luque no reconociesen públicamente, de alguna forma incluso solemne, el bien en todos los sentidos que se ha realizado en torno a esta imagen. Me sorprendería igualmente que, su actual cofradía, no le diese la más digna de las despedidas. Si finalmente estos 35 años, que serán 36 el próximo año, terminan con un “bulto” metido en una furgoneta camino de Luque, tanto los que lo reclaman, como su depositario y sus cofrades franciscanos de la Pasión, dejarán su historia tan tirada por el suelo, como ya lo estaba cuando fue rescatado del olvido en aquel oscuro desván.

Jesús Rodríguez López
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