Martes 19.11.2019

La Virgen recorre las calles entre un río de devoción y fandangos (fotos)

La Virgen recorre las calles entre un río de devoción y fandangos (fotos)
Lucena vivió ayer su domingo grande. Los lucentinos volvieron a volcarse con la Virgen de Araceli, por la mañana en la iglesia de San Mateo, totalmente repleta de público para asistir a la solemne función religiosa, oficiada el Obispo de Córdoba, Monseñor Demetrio Fernández y por la tarde y noche con la procesión oficial, que llevó a la Virgen por las calles de la ciudad en loor de multitudes, entre miles de fieles aracelitanos.
 
Con los últimos rayos de sol iluminando la portada de San Mateo, en medio de una Plaza Nueva vestida de primavera, con los naranjos en flor, se iniciaba el recorrido por las principales calles y plazas de la ciudad. Lució la Virgen el conjunto de saya y manto blancos de la Coronación, en este encuentro anual con los lucentinos.
 
En esta ocasión la Virgen fue “paseada” por la cuadrilla de santeros mandada por Fernando Servián Corredera, con Fernando Servían en la esquina izquierda, Pepe Ramírez en la esquina de la Salud y Pedro Servián en la esquina mala. Esfuerzo, responsabilidad y satisfacción reflejados en los rostros de los 36 santeros ante el difícil reto de llevar sobre sus hombros el pesadísimo paso de palio de la Virgen, convertido en crucero de amor por las calles del recorrido oficial, recogiendo el fervor de los lucentinos, expresado también en forma de miles de pétalos de flores cayendo desde los balcones y con la novedad de los fandangos aracelitanos desde una decena de privilegiados balcones con distintas voces y el acompañamiento de la guitarra flamenca. 
 
Acompañaron a la Patrona de Lucena la Aracelitana Mayor –Carolina Muñoz Ruz– y su corte de honor, ataviadas esta vez con traje de color y mantilla blanca; representantes de las distintas cofradías lucentinas, Agrupación de Cofradías y cofradías filiales; la corporación municipal bajo mazas; representantes de la Policía Local, Guardia Civil y Cuerpo Nacional de Policía; del Colegio de Abogados y los Juzgados de la ciudad; clero y un sinfín de fieles y promesas, alumbrando con sus velas y haciendo interminable el cortejo procesional.
 
La calle El Agua volvía a marcar el tránsito desde la férrea comitiva oficial al protagonismo del pueblo. Los más jóvenes se situaban delante del trono, mientras los miembros de la cofradía hacían lo imposible por preservar un espacio mínimo para que los santeros pudieran tomar aire. Así, entre cánticos aracelitanos, fandangos de Lucena, vivas y vítores, mecida una y otra vez sobre los hombros de sus santeros, la Virgen de Araceli se aproximaba a las Cuatro Esquinas y al final de su estación de gloria.
 
Antes de entrar en el templo, se apagaban las luces de la Plaza Nueva y la Virgen se aproximaba a San Mateo, mientras empezaban a iluminar el cielo lucentino miles de cohetes, en una magnífica sinfonía de pólvora, humo y color de treinta minutos de duración, con la que la ciudad despedía un año más a su Patrona, en esta cita anual que suponen las Fiestas Aracelitanas.