martes 07.12.2021
Lucena Hoy

PREGóN DE NUESTRO PADRE JESúS

Rafael Ramírez Ponferrada describe la devoción nazarena de Lucena

El pregonero de Nuestro Padre ofreció su plegaria a su hija Clara, “fuente de cariño e inspiración continuas”. Antes, Juan Parejo Pineda, compañero en las retransmisiones de la Semana Santa en la televisión local, lo precedió apelando “a la paz, el bien y la concordia”

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Rafael Ramírez Ponferrada, en el templo de San Pedro Mártir.
Rafael Ramírez Ponferrada describe la devoción nazarena de Lucena

Alumbrando con su palabra al “Referente de la Fe lucentina”, Rafael Ramírez Ponferrada asumió la responsabilidad de pormenorizar “lo que representa el sentimiento nazareno”. Desde la plaza de la iglesia de Aguas Santas de Córdoba, aquel niño se postró a las plantas de Jesús en el templo de San Pedro Mártir cincuenta años después y repasó el fervor diario en La Capillita hasta ese Viernes, a las seis de la mañana, “cuando el reloj llora por seguiriyas”.

El pregonero de Nuestro Padre ofreció su plegaria a su hija Clara, “fuente de cariño e inspiración continuas”. Antes, Juan Parejo Pineda, compañero en las retransmisiones de la Semana Santa en la televisión local, lo precedió apelando “a la paz, el bien y la concordia”.

El presentador evocó “la cuna cordobesa” de Ramírez Ponferrada y su veneración al Cristo Caído. “Rafael, tú eres lucentino por vocación, y has aprendido con nobleza y generosidad nuestras pequeñas cosas de siempre”. Parejo encarriló al pregonero por “la añoranza y la tradición” de Nuestro Padre Jesús Nazareno.

Las tres décadas de vivencias lucentinas han compuesto en el corazón de Rafael Ramírez Ponferrada el significado auténtico de las oraciones en el postigo, los cantos de perdón en el Miserere, la proximidad con Jesús en el Domingo de Pasión y ese Viernes Santo en el que Lucena “se pone en las manos” de su Padre.

El sentimiento cristiano inspiró a este doctor del Hospital Infanta Margarita para transmitir las impresiones que ha conocido “a través de la pantalla de la televisión local” y en aquel año en el que se vistió de morado, junto a su amigo Alejandro Moreno Gómez, para acompañar con su vela y túnica morada al Nazareno.

La figura capital de la Semana Santa de Lucena, según aseveró desde el atril, comparte “protagonismo” con la mayoría de las ciudades cercanas y, en general, con todo el sur de la provincia de Córdoba. “Priego, Puente Genil, Baena y La Rambla tienen en Jesús Nazareno el motivo central de su devoción popular”. Los fieles le confían a Jesús “sus anhelos y emociones, peticiones y gratitudes” en su Vía Crucis hasta el Gólgota.

La injusta muerte de un inocente comienza “con el dolor terrible de la flagelación, el momento magistralmente inmortalizado por Pedro Roldán en Nuestro Señor de La Columna”. Una hilera de acontecimientos marcada por la subida al Calvario cargando con el imposible peso de la Cruz, “donde el dolor del Señor se nos hace más patente, más público, quizás más intenso”.

Rafael Ramírez precisó que en la Semana Santa de Lucena solo procesionan dos crucificados, El Silencio y La Sangre, “existiendo otro en condiciones de hacerlo, el Cristo de la Misericordia”, quien preside en esta época el centro del altar mayor de la iglesia de la calle San Pedro junto a Jesús. “Ojalá, Dios mediante, podamos ver más pronto que tarde la obra del lucentino Pedro Muñoz de Toro en nuestras calles”, solicitó el orador en uno de sus capítulos.

La Pasión y posterior muerte del Señor suponen “el origen y el fundamento de nuestra redención cristiana”. En Lucena, el fervor del Viernes Santo “es solo el reflejo del que a diario el Señor recibe de sus hijos”.

El individualismo y la competitividad que Ramírez Ponferrada observa “en el régimen de vida actual” oscurecen en nuestro alrededor “la pobreza, la injusticia, el desamor, el paro, la melancolía de la soledad, el extremismo terrorista o la injusta violencia machista”. Esta indolencia mental “solo parece romperse al colocarnos frente a Ti cada Viernes”.

Al dirigirse a la cuadrilla de Nuestro Padre en esta Semana Mayor, avió como “cuadrillero celestial” a Juan Lara, padre del manijero Agustín, y del resto “del escaparate”, Ángel, Juanma y Jesús, además de abuelo de Juan, otro santero del Señor.

La exaltación de Jesús Nazareno terminó por las calles de Lucena, con salida y retorno en el Llanete. “Jesús nos mira y nos abre en canal, nadie pueden mentirle, su triste y penetrante mirada llena nuestro corazón de la zozobra de quien se siente imperfecto, pero a la vez del reparador calor de un amor profundo, diferente, único, porque, Señor, estamos en tus manos, una vez más, un año más”. Rafael Ramírez Ponferrada se despidió reclamando fraternidad “la mejor herencia recibida de Jesús” frente a dolores como la traición de un amigo; la pérdida de un hijo, antinatural por demás; la injusticia de la violencia; la no resolución de las hambrunas endémicas en ciertas regiones del planeta, “con la seguridad ya perfectamente medida de que existen recursos para toda la población mundial”; el constante goteo de noticias en relación al uso fraudulento de los recursos de todos por parte de algunos; y “dolor, quizás el mayor”, la guerra, activa en multitud de regiones del mundo, “que representa hoy el mayor fracaso humano”.