viernes 07.08.2020

La lluvia hace bajar la ocupación hotelera y las ventas en restauración

La lluvia hace bajar la ocupación hotelera y las ventas en restauración
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La Semana Santa de 2013 no pasará a la historia como la mejor para el mundo de la hostelería y la restauración en nuestra ciudad. A la crisis económica se ha sumado la adversa meteorología, que ha hecho que muchas reservas hoteleras se esfumaran en el último momento y que una buena parte de las provisiones adquiridas para estos días por restaurantes y bares se hayan quedado en la despensa o el congelador esperando tiempos mejores.
 
Según datos recogidos por la Delegación Municipal de Turismo, la previsión de ocupación hotelera para los días centrales de la Semana Santa en Lucena –Jueves y Viernes Santo– era del 80,56% , con lleno en hoteles como el AN Santo Domingo, Los Bronces o Sierra de Araceli y en algunas de las casas rurales del término municipal. Esa previsión bajaba hasta el 71% para el sábado y al 65% para el Domingo de Resurrección. En los primeros días de la Semana Santa, la ocupación media rondó entre el 25% y el 44% de media en el conjunto de hoteles de la ciudad. Todo ello hace que el promedio desde el 22 al 31 de marzo fuese del 53,11%.
 
Sin embargo, fuentes consultadas por LucenaHoy han señalado que una parte de esas reservas no han llegado a consumarse, debido a la previsión de una alta inestabilidad y chubascos durante toda la semana.
 
Menos ventas en bares y restaurantes
Tampoco han ido mejor las cosas a nivel de restauración. Varios restaurantes y bares consultados por este periódico han coincidido en señalar que las ventas se han reducido en torno a un treinta por ciento respecto al año pasado, que tampoco fue bueno. Aunque no se trate de un dato válido desde un punto de vista estadístico, revela claramente una sensación generalizada en el sector.
 
A la menor disponibilidad económica de las familias como consecuencia de la crisis –manifestada en un menor gasto medio– se ha sumado lo desapacible del tiempo en general y el hecho particular de que algunas cofradías se vieran obligadas a acortar considerablemente su recorrido, como ocurrió el Viernes Santo, o incluso a suspender sus desfiles procesionales, como ayer. El resultado de todo ello ha sido un descenso de ventas, que se suma a la crisis general que vive el sector y que coloca a la hostelería en un pésimo año.
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