miércoles 20.10.2021

Urbanizaciones fantasmas: otro efecto de la crisis inmobiliaria

Urbanizaciones fantasmas: otro efecto de la crisis inmobiliaria
Urbanizaciones fantasmas: otro efecto de la crisis inmobiliaria
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Los pisos terminados y no vendidos son uno de los efectos más evidentes de la crisis económica que nos azota. Casi de un día para otro, las facilidades de los bancos y cajas para ayudarnos a adquirir una vivienda se tornaron barreras infranqueables para muchos ciudadanos, los dos sueldos que garantizaban el pago del préstamo del piso se quedaron en uno o ninguno y vender una vivienda en algo casi tan difícil como atender el recibo de la adquirida.
 
Sin embargo, la crisis inmobiliaria tiene también otra cara en Lucena, lejos de los carteles de se vende de las últimas promociones terminadas. Se trata de las “urbanizaciones fantasma”. La aprobación del PGOU dotó al municipio de un modelo de desarrollo urbanístico y puso en el mercado grandes bolsas de suelo residencial. El “boom del ladrillo” de la década de los noventa y el primer lustro del presente siglo trajo consigo una febril actividad en la Gerencia de Urbanismo y los medios de comunicación y los ciudadanos de a pié tuvimos que hacer un curso acelerado para aprender la nueva terminología en boga: PAU, PPR, PPI, PERI, UE… siglas tras las cuales se escondía la planificación de proyectos urbanísticos de distinta índole, tamaño y modelo de desarrollo.
 
El PGOU terminó por conseguir implantar otra forma de construir las nuevas zonas de crecimiento residencial: primero la urbanización de las calles y después la edificación de las viviendas. Los eriales comenzaron a transformarse en viales, con aceras, farolas, alcantarillas y alcorques para dar cobijo a pequeños árboles. Hoy, pasados los años, algunas de esas urbanizaciones han comenzado a dejar de nuevo paso a los jaramagos y la maleza, ante la falta de cuidado y de promociones que desarrollar.
 
Un buen ejemplo de ello es el Cahíz. Apenas un par de viviendas nos recuerdan que este costoso desarrollo urbanístico supuso una inversión millonaria y la necesidad de mover miles de toneladas de tierra. Sus casi un centenar de parcelas de mil metros cuadrados de superficie siguen sin edificarse y el ayuntamiento aun no ha procedido a recepcionar sus calles, en las que el paso del tiempo y los amantes de lo ajeno han hecho estragos, robando centenares de metros de cable, tapas de imbornales y todo aquello capaz de ser vendido como chatarra pese a no haber sido estrenado.
 
Otro ejemplo lo encontramos en el plan parcial Sur 2, situado junto al camino de los Poleares y con capacidad para 414 viviendas El interés por construir de las promotoras que adquirieron los terrenos y pagaron la urbanización de los mismos se esfumó paralelamente a la falta de clientes. Ni se hicieron las casas previstas ni se vendieron las parcelas pese a reducirse el tamaño de las mismas para permitir acometer promociones pequeñas. Hoy la urbanización ha sido cercada para evitar más daños que los del paso del tiempo. Entre el cerco se secan los centenares de naranjos plantados, han desaparecido muchos elementos metálicos para ser vendidos al peso y van perdiendo color los elementos del parque infantil nunca estrenado. La urbanización tampoco ha sido recepcionada por el ayuntamiento. El acerado del camino de Los Poleares, lleno de agujeros tapados con palés de madera o la falta de poda de un arbolado que crece a su antojo son prueba de ello.
 
Echamos un último vistazo a la urbanización del Zarpazo. Hasta 1.200 viviendas podrá acoger esta zona, cuya urbanización está ejecutada en un 80 por ciento. Hasta ahora sólo se han construido poco más de un centenar por parte de Suvilusa y EPSA y ni siquiera han podido ser entregadas al no estar terminadas las calles y su entorno, tras permanecer paralizadas las obras durante más meses de los que estuvieron activas. Lo que se vendió como una de las mayores operaciones urbanísticas de la ciudad sigue esperando mejores tiempos. Los promotores no se atreven a lanzar al mercado nuevas iniciativas ante el stock de vivienda que espera comprador y las calles del Zarpazo han quedado para los conejos, los corredores de media tarde que esperan perder algún kilito trotando por este paisaje huérfano de ladrillo y las parejitas, que por la noche toman la urbanización como nido de amor, lejos de miradas indiscretas.
 
Son otra cara de la crisis, las urbanizaciones fantasmas. Inversiones millonarias a la espera de una recuperación que se antoja complicada en el corto plazo, cientos de miles de euros pinchados en el suelo a la espera de mejores tiempos para la construcción, uno de los sectores que nos llevaron a soñar con el cielo y que hoy, algunos años más tarde, nos hacer intuir muy cerca el precipicio del infierno.
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