Martes 18.12.2018
Lucena Hoy

OPINIÓN

OPINIÓN: El peligro del populismo, por Abderrahman El Ouazghari

En medio de la incertidumbre, la inseguridad y una democracia sin aliento, se ha dado lugar al auge de partidos populistas extremistas.

Acto público de Vox en Vistalegre
Acto público de Vox en Vistalegre
OPINIÓN: El peligro del populismo, por Abderrahman El Ouazghari

El populismo es uno de los conceptos menos definidos y sin embargo más obstinadamente presente en el debate público. Durante los últimos años, la palabra ha reaparecido sistemáticamente en los medios de comunicación y en el ámbito político, a pesar de la crítica incesante de que es objeto como un pensamiento susceptible de aplicarse a un conjunto demasiado heterogéneo de fenómenos, ideologías o movimientos. Sin embargo, en la última década, hemos sido testigos de cómo estados europeos que son modelos de libertad y solidaridad han abrazado el pensamiento de los partidos políticos de extrema derecha.

Durante el periodo 2008-2014 hemos asistido a un doble resentimiento. El provocado por una disminución del poder adquisitivo de las clases medias y por haber visto la banca rescatada por los Estados sin que los responsables de ésta hayan rendido cuenta por su despilfarro. La crisis llevó a la idea de que las ganancias se privatizaron, pero las pérdidas se socializaron. De ahí la idea de que las élites siempre estarán de acuerdo entre sí para mantenerse e imponer a los ciudadanos sus soluciones. En este juego, Europa ha sido percibida, no sin razón, además, como el amplificador de esta realidad, a través de sus programas de austeridad. En medio de la incertidumbre, la inseguridad y una democracia sin aliento, se ha dado lugar al auge de partidos populistas extremistas.

Curiosamente, es difícil encontrar una definición del populismo en los diccionarios clásicos. La Real Academia de la lengua define el Populismo como una “tendencia política que pretende atraerse a las clases populares”.

La lista de países donde los partidos extremistas o populistas llegaron al poder o están en vía de hacerlo sigue creciendo. Francia, Austria, Hungría, Polonia, Eslovaquia, Italia, Alemania. Incluso el norte de Europa, conocido por su apertura al mundo, también es seducido gradualmente por el populismo. En España la demostración de fuerza del partido de extrema derecha Vox en Vistalegre en Madrid, que consiguió por primera vez congregar a más de 10 mil personas dispuestas a escuchar mensajes contra el feminismo, supresión de las Comunidades autónomas o la deportación masiva de inmigrantes “ilegales”, es un serio peligro que hay que derrotar en las urnas.

Europa se ha acostumbrado al nuevo panorama político a medida que los partidos tradicionales luchan por encontrar sus propias respuestas.

El canciller austriaco Sebastian Kurz encarna el rostro sonriente del populismo que está sacudiendo la política europea. Desde el 01 de julio del presente año asumió durante seis meses la presidencia de la UE. Pero este perfil de joven y educado no podía hacer olvidar el lado burlesco de su acólito Matteo Salvini, el Ministro del Interior italiano. Ni de su mentor el húngaro Viktor Orban o el bávaro Horst Seehofer. Cualquiera que sea la cara del populismo, funciona al mismo tiempo que sabotea los valores fundadores de la construcción europea y fomenta el regreso de la Europa de las confrontaciones nacionales. Nada los une realmente sino el deseo de detener el proceso de integración política de la UE.

Apostar por el populismo es dirigirse hacia la división, el conflicto, la incapacidad de manejar los problemas más allá de su propia realidad. El populismo no puede considerarse un epifenómeno ordinario, una forma de discurso como cualquier otra. Es un mal que puede hacer gangrenar a todo el cuerpo social y condenarnos a una lucha de todos contra todos. Lo que está en juego es nuestro destino individual y colectivo.