lunes 23.05.2022

Opinión: 'La huelga en el sector educativo', por José A. Sánchez

Opinión: 'La huelga en el sector educativo', por José A. Sánchez
Opinión: 'La huelga en el sector educativo', por José A. Sánchez
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Más allá de las cifras de seguimiento quiero mostrar mi desacuerdo con la actitud de algunos docentes ante la huelga y tratar de argumentar la pertinencia de la misma por lo que los recortes en educación suponen.

Ayer recibí un correo con una medida alternativa a la huelga en los siguientes términos: “Si quieres mostrar tu desacuerdo tanto con el plan de recortes en educación como con las medidas de rechazo planteadas por los sindicatos (huelgas, que además de ser ineficaces, reducen aún más nuestro sueldo), te propongo que presentes el documento adjunto debidamente cumplimentado, en la secretaría de tu centro educativo en las 48 horas posteriores a la convocatoria de una huelga por los recortes (por ejemplo, el 23 y 24 de mayo)”. El texto del documento a firmar dice: “rechazo el plan de recortes educativos propuesto por el Gobierno central y las medidas adoptadas por los sindicatos, así como la huelga, por considerarla ineficaz”. Como supongo que a través de la red habrá conseguido gran difusión, quiero hacer algunas reflexiones sobre su contenido y pasar después a justificar la convocatoria de la huelga.

El mencionado mail sitúa en el mismo plano de rechazo los recortes del gobierno y la huelga como resistencia a los mismos, cuando en términos de repercusión social no son nada comparables. Un día de huelga en todo el sector educativo tiene un impacto reducido y coyuntural en cuanto a pérdida de horas de clase, pérdida en productividad de los, por desgracia, pocos padres y madres que estén trabajando y secunden el paro y la pérdida de un día de sueldo por no asistir al trabajo; cuestión esta última que no es baladí en estos tiempos que corren y que no deja escapar el mail, pero no se puede olvidar que gracias a la lucha y quebranto del bolsillo, de muchos docentes ya jubilados o a punto de hacerlo se consiguió desterrar el refrán “pasas hambre que un maestro de escuela”.

En cambio, el impacto de los recortes en educación ni son reducidos porque afectan a toda la sociedad, ni son coyunturales porque sus efectos permanecen en el tiempo y son difícilmente reversibles; para el director del Instituto de Estudios de la Ciencia y la Tecnología Miguel A. Quintanilla “el problema con los recortes en ciencia y tecnología; así como sucede  también en las áreas de educación, sanidad y gasto social en general; es lo que significan respecto al tipo de sociedad y de sistema económico que deseamos tener en el futuro. Si optamos, por ejemplo, por una economía de servicios tradicionales, como es en gran parte el turismo de sol y playa, o basada en la especulación financiera o en el urbanismo descontrolado, no parece que para ello necesitemos hacer ahora un gran esfuerzo en I+D ni en educación. Incluso es posible que salgamos de la actual crisis económica y encontremos un acomodo dentro y fuera de Europa que nos permita seguir viviendo a base de importar tecnología, exportar nuestra mano de obra más cualificada y enajenar nuestro patrimonio natural y cultural poniéndolo al servicio de las nuevas industrias del ocio, el juego y las máquinas tragaperras…El conocimiento es para los ricos, ahora somos pobres, así que tendremos que conformarnos con la ignorancia…y la industria de casino. Y nadie dice lo que esto significa: la drástica reducción de alternativas de salida a la crisis, la renuncia a inventarnos un futuro mejor para todos, la renuncia al control de nuestro propio destino como sociedad y como individuos”.

Desde que se anunciaron los recortes la frase más pronunciada, incluso por los promotores de los mismos, es que si invertir en educación es caro más caro es no hacerlo, invertir en educación es invertir en desarrollo y así lo ha entendido el presidente Obama: “Ningún tema tendrá un mayor impacto en la futura actuación de nuestra economía que la educación. A la larga va a determinar si las empresas se quedan aquí, determinará si las compañías son creadas aquí o si van a contratar aquí, y determinará si habrá una abundancia de buenos empleos para la clase media en Estados Unidos”.

En 2009 nuestro gasto en educación era el 5,1% del PIB, en el 2010 bajamos al 4,9  mientras la media de la UE se situaba en el 5,5 y los países de la zona euro en el 5,1. Los recortes de 2012 nos situarán en el 3,9 el próximo 2015. Para algunos expertos, con una inversión mínima del 5%, el gasto no es la única variable que determina la calidad, es decir, en el caso de España podría haber comunidades que con menos gasto obtengan mejores resultados que otras que gasten más, porque las primeras hagan un uso más eficiente de los recursos u otras variables; pero por debajo de este umbral del 5%, la inversión es determinante en la calidad de la formación de nuestros niños y jóvenes de hoy. Y no conviene olvidar que la mayoría de los empleos que se creen en el futuro, más o menos próximo, van a demandar una formación de los trabajadores muy superior a la que han necesitado para dedicarse a la construcción.

Los recortes tendrán una incidencia negativa en todos los niveles educativos y en todos los estamentos: padres alumnos y profesores. Son socialmente injustos porque castigarán más a los más débiles y son evitables.

El Sr. Wert minimiza las protestas, dice que no hay  más remedio que recortar,  que por consiguiente no va a cambiar de postura y se va a dedicar a explicar su plan. Rubor me da intentar enmendarle la plana a un ministro tan listo y en tantas tertulias curtido, pero entre lo que uno escucha, algo que lee y un poco que le da vueltas al coco piensa que se podría recortar en otras cosas y cuya simple enumeración, por motivos de extensión, someto a la consideración de los lectores aunque en otro momentos podemos analizar:
1. ¿Se pueden aminorar los intereses que pagamos por la deuda si el BCE cumple las funciones de, por ejemplo, la Reserva Federal de EEUU?
2. ¿Se puede no inyectar dinero a los bancos para salvarlos?
En cuestiones más cercanas:
3. ¿Y si se limita el uso de coches oficiales?
4. ¿Se podrían suprimir las televisiones autonómicas?
5. ¿Son necesarias las diputaciones?
6. ¿Se pueden adelgazar las administraciones?

Podríamos seguir ampliando la lista porque se dice que se puede recurrir a más impuestos directos y que también hay una bolsa enorme de fraude fiscal.

Conclusión,  los recortes en educación no son inevitables y responden a una decisión ideológica que comenzó abanderando Doña Esperanza Aguirre.

José A. Sánchez Jiménez
Maestro jubilado
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