sábado 31.07.2021

¿Espíritu navideño?

¿Espíritu navideño?
¿Espíritu navideño?
.
Muchas veces me ha venido a la mente una antigua canción de la que no recuerdo ni su título ni su autor o autora. La canta una mujer y extraigo una frase: “…Me da pereza abrir la boca para decir lo mismo que dijeron tantos…”
 
Escucho temprano una tertulia en la radio y ocurre lo que casi siempre: Todos hablan a la vez, no respetan el turno de palabra ni tampoco al moderador. A mí esto me indigna.
 
Se habla de la actualidad y, naturalmente, cada uno expone su punto de vista de acuerdo con su tendencia política. Conclusión, un empeño exacerbado en convencer al otro de que su opinión es la acertada, la verdadera, la coherente…
 
Tertulias y tertulias prestigiosamente conformadas con: El jefe del departamento de “tal”, el jefe del departamento “de cual” y hasta el jefe “del departamento sin importancia”. Todos son muy intelectuales, muy cultos…
 
Mientras, la gente corriente escucha con toda la atención posible para ver si se entera de algo. Si hablaran de uno en uno y utilizaran un vocabulario más claro, menos escurridizo y evasivo... Porque a la gente corriente no nos gustan los tecnicismos ni aunque los entendamos, que no siempre los entendemos.
 
Mi conclusión personal de hoy y de muchos días, la resumo en esta vieja frase: “Entre todos la mataron y ella sola se murió”. Y lo que me preocupa es que esto es un desastre.
-Que la enseñanza se tambalea.
-Que la sanidad se tambalea.
-Que la justicia se tambalea.
-Que las pensiones se tambalean.
-Que la lucha y el esfuerzo de nuestros mayores, está teniendo la peor de las recompensas cuando, en el último tramo de su existencia, están viendo mermada su calidad de vida y, en muchos casos, son el sostén de hijos y nietos.
 
La culpa de tanto desatino no será de nadie, pero las víctimas siempre son las mismas, los más pobres, porque los pudientes no le temen ni a los impuestos, ni a los recortes, ni a la factura de la luz, que por cierto dentro de nada vuelve a subir.
 
Así pues, yo no me atrevo ni a encender el árbol de navidad. Lo hago cuando viene alguien a mi casa para “aparentar” ambiente navideño. La chimenea la encenderé la Noche Buena y la de Reyes, para que se calienten los pobres (más que nunca pobres).
 
¡Qué miedo me da! Por tambalearse se tambalea ya hasta la tierra de Jaén (y no estoy frivolizando). Creo que hasta la madre naturaleza está enfadada.
 
Es de ritual obligado terminar deseando al mundo entero una Feliz Navidad, y de corazón lo deseo aunque me suena a “muletilla empalagosa”. Mi verdadero deseo es que fuésemos capaces de UNIRNOS todos y pisar con fuerza en la tierra a ver si ésta dejaba de temblar, en todos los sentidos.
.
.