Lunes 24.02.2020

Opinión: "Panóptico", por Juan M. Roldán

Opinión: "Panóptico", por Juan M. Roldán
 
En el vestíbulo del University College de Londres cualquier visitante puede ver, en una urna de cristal, una momia vestida a la usanza de su época y que, hasta la fecha, sigue presidiendo las reuniones del consejo académico.
 
Se trata de los restos de Jeremy Benthman, abogado, filosofo y padre de la doctrina utilitarista más conocido por proponer un modelo de cárcel, al que llamó Panóptico, cuyo diseño permitía a un solo vigilante controlar, desde un punto oculto, a todos los presos recluidos en la misma sin que estos tuvieran la posibilidad de ver en ningún momento a su carcelero.
 
La idea era que los reclusos acabaran interiorizando la imposibilidad de escapar a la vigilancia y que, por consiguiente, acabaran vigilándose a sí mismos y renunciando a su “deseo” de libertad.
 
En la época de Jeremy Benthman esa idea solo era realizable en un recinto cerrado tal como una cárcel. Hoy la tecnología hace posible un Panóptico universal desde el cual un gran hermano, invisible para nosotros, puede –y de hecho lo hace- observar nuestro quehacer diario. Baste como botón de muestra tener la paciencia de contar frente a cuantas cámaras de vídeo vigilancia nos cruzamos en un paseo normal por el centro de nuestra ciudad.
 
Nuestra imagen es grabada por decenas de cámaras de las cuales apenas somos concientes, ¿ y qué decir de Internet o de la telefonía? ¿somos concientes del control que ese gran hermano puede ejercer sobre nosotros a partir de los datos que nosotros mismos le proporcionamos con el uso de las redes sociales? Pocos son concientes del rastro de información que dejan a partir de su actividad diaria en Internet. Información que pude ser utilizada –y se utiliza- para conocer  gustos y  costumbres y, a partir de ese conocimiento, posibilitar una publicidad individualizada dirigida específicamente al sujeto receptor.
 
Pero más grave incluso es lo que recientemente se ha conocido a través de la prensa. Como los servicios de inteligencia se dedican a rastrear la actividad de los ciudadanos tanto telefónica como en Internet con el peligro que eso supone para uno de los fundamentos básicos de la democracia como es la libertad y privacidad de las comunicaciones entre particulares anónimos.
 
Tal vez no seamos concientes, pero hoy, aquí y ahora, la tecnología permite  construir un Panóptico universal que, llegado el caso, acabará con una sociedad totalmente vigilada y, como derivación natural, totalmente controlada. La información es poder. Nunca ese aforismo fue tan cierto como ahora y, a no dudar, siempre habrá quien, en nombre de altos ideales, esté dispuesto a utilizar esa información en detrimento de nuestra privacidad y, por consiguiente, de nuestra libertad.
 
No es probable que Jeremy Benthman aprobase hoy, si viviese, el Panóptico universal que la tecnología ha creado pero, por desgracia, parece que a muchos gobiernos la idea de utilizar ese Panóptico les resulta irresistible. En nuestras manos está el dificultárselo, en la medida de lo posible, con un uso consciente y responsable de esa tecnología y evitar así caer, siquiera inconscientemente, cautivos de ella pues esa cautividad significa, necesariamente, coadyuvar  al fin último del Panóptico que no es otro que vigilar y, al vigilar, coartar nuestro deseo de privacidad y libertad en nombre, precisamente, de la salvaguardia de la democracia.
 
Juan M. Roldán