viernes 25.09.2020

Opinión: "Totalitarismo invertido", por Juan M. Roldán

Opinión: "Totalitarismo invertido", por Juan M. Roldán
 
"La presencia de la democracia no queda asegurada porque se rinda deferencia a un principio formal de soberanía popular, sino porque se asegure la educación política continuada. Ni la democracia se alimenta de estipular qué principios razonables de justicia han de quedar establecidos desde el comienzo. La democracia requiere que las experiencias de la justicia y la injusticia sirvan al demos como momentos para pensar, reflexionar y, si puede ser, construirse a sí mismo como actor"
 
Esa es la conclusión a la que llega el profesor emérito de la universidad de Princeton en EEUU, Sheldon Wolin en su tesis El totalitarismo invertido. En otras palabras según esa tesis la democracia al uso en nuestro país  es  tan solo democracia formal. Es el voto ciudadano cada cuatro años sin que en el interregno los ciudadanos puedan decidir sobre cuestiones fundamentales para su bienestar o interés ya que han delegado su resolución a la elite política o por decirlo con una expresión de máxima actualidad han delegado en "La Casta".
 
El Totalitarismo Invertido es democracia formal; es democracia sin ciudadanos. Sostiene Wolin que El totalitarismo invertido busca modelar a los ciudadanos para, precisamente, no dejarles gobernar, ciudadanos sin conciencia social y política para que no puedan ir contra la política, es decir contra la elite gobernante y, visto lo que vemos, no cabe más que reconocer lo razonable de su tesis.
 
Para ello la elite se vale de la infantilización de los ciudadanos con la inestimable ayuda de los medios de comunicación que, en su porción más relevante, coadyuvan en propio interés a tal fin magnificando cuitas irrelevantes de cualquier "famosillo" y ocultando o distorsionando hechos y situaciones fundamentales para comprender lo que realmente pasa y tomar conciencia política sobre ello. Nada nuevo desde la proclama «Panem et circenses» literalmente "pan y circo" que desde la antigua Roma hasta hoy han seguido los gobiernos para mantener dócil y tranquila a la población y, de esa forma, ocultar hechos y situaciones controvertidas.
 
Leyes y más leyes, montañas y montañas de textos legales regulando conductas y expresiones. La ley como corsé con el que contener a los ciudadanos que deciden pensar por si mismos y no como medio para regular los conflictos entre adultos y posibilitar una civilizada convivencia. Ciudadanos menores de edad, incapaces de comprender aquellas cuestiones que les afectan directamente y que, por consiguiente, es mejor dejarlas en manos de la elite.  
 
 
Tal vez haya llegado la hora de revertir tal situación, tomar conciencia de que, en una democracia real, deben ser los ciudadanos los que decidan realmente sobre aquello que les afecta directamente. Por ello, y aunque no comparto las soluciones propuestas, veo al movimiento Podemos como un soplo de aire fresco en una habitación con un ambiente muy enrarecido pues, aunque sus respuestas no sean verosímiles, sus preguntas son acertadas.
 
Juan M. Roldán