domingo 16.01.2022

"Aquel a quien aprovecha el crimen es quien lo ha cometido”

"Aquel a quien aprovecha el crimen es quien lo ha cometido”
"Aquel a quien aprovecha el crimen es quien lo ha cometido”
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Cui prodest scelus, is fecit. (Aquel a quien aprovecha el crimen es quien lo ha cometido).
 
Esta frase que Lucius Annæus Seneca hace pronunciar a Medea, en su tragedia homónima, tiene hoy por hoy la misma vigencia que en tiempos de Séneca, sobre todo aplicada a la política.
 
En efecto, la respuesta a la pregunta, ¿A quién beneficia la actual situación, política, institucional y económica de España?, es fundamental si queremos analizar por qué los principales partidos se resisten como gato panza arriba a cualquier medida que pueda significar, por parte de sus cúpulas, la perdida de control sobre sus respectivas organizaciones y, por consiguiente, una renovación que haga posible un soplo de aire fresco en la enrarecida atmósfera política, cuyo putrefacto olor ya no es posible ignorar.
 
Una situación pensada para el necesario fortalecimiento de los partidos políticos, en los inicios de la democracia, ha devenido, con el paso del tiempo, en una verdadera partitocracia en la que abundan los estómagos agradecidos dispuestos a ejercer de Guardia de Corp de quien en última instancia les asegura el disfrute del puesto obtenido, ya en la administración ya en la propia organización, que no es otro que aquel que ocupa la cúspide de la pirámide de poder partidaria, se llame Presidente o Secretario General, que ha estos efectos el nombre no hace a la cosa.
 
Se pueden llenar cientos de páginas con las razones de toda índole que se aducen para mantenella y no enmendalla pero lo cierto y verdad es que la máxima Cui prodest nos indica claramente quien saca provecho del status quo y, en consecuencia, se resiste al cambio.
 
Cambio consistente en unas sencillas y claras normas resumidas en:
- Elección directa, por parte de los afiliados, de todos los cargos orgánicos de relevancia.
- Elección directa, por parte de los afiliados, de los órganos de control.
- Limitación de mandatos tanto públicos como orgánicos.
- Aplicación estricta del principio, una persona un sueldo, sin excepción alguna.
- Publicación anual, detallada, de las cuentas de la organización con la debida auditoria externa e independiente.
- Elecciones primarias para los candidatos a cargos públicos de relevancia.
- Máxima transparencia pública sobre la situación patrimonial, antes y después, de todos los cargos públicos.
 
Lo dicho, Cui prodest scelus, is fecit, a lo que el establishment, al menos hasta ahora siempre ha contestado: Ad calendas graecas.
 
Juan Manuel Roldán