La restauración de la parroquia de la Sagrada Familia de Lucena y del complejo religioso anexo continúa sin una fórmula de financiación definida. Como se explicó en abril pasado, el movimiento de varios pilares ha provocado grietas, desplazamientos en las cubiertas y filtraciones de agua. Según ha explicado este martes el párroco, Fernando Martín, solo el recalce de los pilares podría costar en torno a 300.000 euros, una cantidad a la que habría que sumar la reparación de los demás daños.
Martín ha señalado que la Fundación Cortés y Curado, titular del inmueble, está estudiando las posibilidades para afrontar una intervención que ha calificado de "ingente". La entidad dispone de ingresos muy limitados, procedentes principalmente de la huerta, y mantiene conversaciones con el Cabildo y con el Protectorado de Fundaciones.
El párroco ha querido transmitir tranquilidad sobre la situación actual del edificio: "Ahora mismo no hay problemas estructurales" que hagan temer por su estabilidad, ha afirmado. No obstante, ha advertido de que el movimiento de los pilares ha dejado grietas y cubiertas desplazadas, con numerosas goteras y tramos de tejado que han cedido. La intervención deberá abordar primero el recalce y, después, los desperfectos causados por ese movimiento en distintas partes del complejo.
Pendientes también del apoyo de entidades públicas
El párroco señalaba hoy que la principal dificultad para acometer los trabajos sigue siendo económica. Entre tanto, Martín ha indicado que, por el momento, no se ha concretado ninguna aportación de administraciones públicas como el Ayuntamiento de Lucena o la Diputación Provincial de Córdoba, que recientemente intervino en otra actuación similar, aunque de menos calado, en el claustro del convento de RR.PP. Franciscanos.
Unos problemas arrastrados por este edificio histórico
La actual parroquia de la Sagrada Familia se asienta sobre el antiguo convento fundado en 1713 por los Franciscanos Descalzos (Alcantarinos) en la que ya era ermita de la Virgen del Valle. Desamortizado en 1835, hasta finales del siglo pasado, principios de este no fue ocupado por otra comunidad religiosa. Destinado muchos años como Casa Asilo de los Ancianos Desamparados, a inicios de la década de los ochenta se convirtio en uno de los Hogares de la obra de Jesús Abandonado de la mano de Prudencio Uzar, que acometió, mediante aportaciónes ciudadanas y distintas ayudas la recuperación de un edificio que se encontraba en una pésima situación para su uso como residencia de personas sin recursos. La iglesia, de no muy grandes dimensiones, consta de una sola planta con capillas laterales. En su interior destaca el retablo mayor realizado por Juan Abundio de Burgos. Ejecutado entre 1760 y 1763, es de madera de pino flandes tallada y dorada. La calle central está totalmente ocupada por la boca del camarín de la Virgen del Valle, con arco de medio punto.
Ya en abril de 2020 el párroco, Fernando Martín, solicitó ayuda de la ciudadanía para hacer frente a la mala situación general en la que se encuentraban las instalaciones, con rajas en el techo del comedor, goteras en distintas partes del inmueble y daños, todavía menores, en el propio templo. Ademas, hace dos años, el propio párroco volvió a hacer una petición de ayuda ante los importantes daños detectados en la estructura del edificio y anunciaba la necesidad de poner en marcha un proceso de rehabilitación integral para garantizar la estabilidad y la seguridad del inmueble. Para ello, se realizó un estudio geotécnico con la ayuda económica del Ayuntamiento de Lucena, con el objetivo de identificar y localizar la problemática que estuviera haciendo daño al edificio, afectado por el movimiento en los pilares de las fachadas exteriores, que provocaron importantes y numerosas grietas tanto en el suelo como en las paredes, dando lugar a la rotura de tuberías y distintos desperfectos.
