Lucena se adentra ya, de lleno, en su tiempo más identitario. El mes de mayo asoma de nuevo con ese perfume inconfundible del azahar derramado en los naranjos de la Plaza Nueva, del repiqueteo de las campanas de San Mateo, de la devoción y emoción compartida que cada primavera convierte a la ciudad en santuario mariano en torno a su Patrona, María Santísima de Araceli. Y en ese ceremonial sentimental y colectivo ocupará desde este viernes, 1 de mayo, un lugar de privilegio la nueva Corte Aracelitana 2026, que será proclamada oficialmente en el acto previo al pregón de las Fiestas Patronales, en la parroquial de San Mateo.
Para ellas el sueño ya tuvo un hermoso preámbulo el pasado domingo, cuando recibieron el testigo de la corte saliente en la Puerta de la Mina, durante la tradicional Romería de Bajada, acompañando a la Madre Dulce y Buena hasta la iglesia del Carmen en olor de multitudes. Allí empezaron a comprender que los días que les aguardan no serán únicamente una sucesión de actos protocolarios, sino una experiencia vital, emocional y espiritual difícilmente repetible. Porque sobre la Corte Aracelitana recae una misión que trasciende la estética de la banda, los trajes o la solemnidad de los desfiles: representar a la mujer lucentina y encarnar públicamente la devoción de un pueblo entero a su Madre en los días más señalados del calendario local.
Nuestro compañero Manuel Franco, acompañado por Jesús Cañete como cámara, ha conversado con las siete jóvenes que integran este año la corte, un grupo que ofrece una imagen muy definida de lo que hoy significa ser dama de la Virgen: formación, juventud, arraigo familiar, fe heredada y una conciencia muy clara de la responsabilidad que asumen.
Al frente de ellas estará Carmen Alba Delgado, de 22 años, graduada en Educación Primaria Bilingüe por la Universidad de Córdoba, en calidad de Aracelitana Mayor, acompañada por Paula Arcos Romero (21 años, estudiante de Educación Primaria), Pilar González Lara (21 años, estudiante de Psicología), María Limonchi Salamanca (21 años, estudiante del doble grado de Sociología y Trabajo Social), Lorena Muñoz Burgos (22 años, estudiante de Derecho), Araceli Serrano Bueno (19 años, estudiante de Educación Infantil) y María Toledano Espejo (22 años, estudiante de Terapia Ocupacional).
Siete nombres propios para un mismo sentimiento
Carmen Alba Delgado, una Aracelitana Mayor con conciencia de responsabilidad
Lejos de instalarse en el brillo externo del cargo, Carmen Alba rehúye cualquier lectura superficial del nombramiento. Su discurso está atravesado por una palabra que repite con convicción: responsabilidad.
No entiende ser Aracelitana Mayor como una distinción individual, sino como la obligación de representar con dignidad “a esa mujer lucentina, a nuestro pueblo y a nuestras tradiciones”. Llama la atención su mirada madura al hablar también del papel cohesionador que debe ejercer dentro del grupo, aunque reconoce con satisfacción que en esta ocasión apenas ha sido necesario porque la unión entre todas surgió de manera natural. “Estamos todas muy unidas y llevamos muy bien la labor de representar nuestras tradiciones”, resume.
“Estamos todas muy unidas y llevamos muy bien la labor de representar nuestras tradiciones”
También es ella quien verbaliza con más nitidez la mezcla de vértigo e ilusión que produce el inicio de esta experiencia: los nervios, la incertidumbre, el temor lógico a lo que está por venir y, al mismo tiempo, el respeto reverencial por el papel que se recibe. Pero si algo deja claro Carmen Alba es que, cuando termine este año, espera que su vínculo con la Virgen no sea una emoción efímera, sino una fe acrecentada: “quiero que ese sentimiento vaya creciendo conforme pasen los días”.
Paula Arcos Romero, la ilusión cultivada desde niña
En Paula Arcos aparece una constante que se repetirá en casi todas las integrantes: el sueño infantil de verse algún día formando parte de la corte. En su caso, ese deseo estuvo presente “desde muy chiquitita”, acompañando a sus padres a los actos y observando con ojos de niña a aquellas jóvenes que ocupaban el lugar que hoy ella misma pisa. Por eso define este momento con dos conceptos tan sencillos como contundentes: “responsabilidad” y “gran honor”.
“Es una responsabilidad y un gran honor poder representar a la Virgen”
Paula habla con serenidad, pero en sus respuestas se aprecia una satisfacción íntima de quien siente que algo largamente esperado por fin ha llegado. Y cuando mira más allá de mayo no se queda solo con el boato festivo: para ella permanecerá “el vínculo más allá de los actos”, el recuerdo compartido con sus compañeras y la unión espiritual con la Virgen.
Pilar González Lara, el privilegio de vivir lo soñado en casa
Pilar González verbaliza quizá como pocas la dimensión de privilegio que siente al vestir la banda aracelitana. “Ser dama es un sueño hecho realidad”, afirma sin titubeos. En su casa las fiestas se han vivido siempre con especial intensidad, no en vano su madre fue dama años atrás, y esa memoria doméstica ha ido alimentando una aspiración que fue creciendo entre relatos del pregón, de la ofrenda, del besamanos y de todo ese universo ceremonial que una niña escucha primero como algo lejano y desea después como destino propio.
“Ser dama a día de hoy es un sueño hecho realidad y un privilegio”
De ahí que para Pilar haya una conciencia muy marcada de estar viviendo algo excepcional: no todas tienen esa suerte, dice, y precisamente por eso “cuando la tienes, la tienes que disfrutar más”.
Su reflexión final aporta además un matiz especialmente interesante: ser dama dura un año en lo visible, pero emocionalmente “lo vas a seguir siendo el resto de tu vida”. Una frase que resume perfectamente el carácter indeleble de esta experiencia.
María Limonchi Salamanca, la fe heredada y el agradecimiento
En María Limonchi confluyen tradición familiar y vocación personal. Tanto su madre como su tía formaron parte de cortes aracelitanas de años anteriores, y esa herencia se transformó desde muy pequeña en una imagen recurrente: probarse el traje de lucentina, soñar con la ofrenda, mirarse algún día cruzando Plaza Nueva bajo los sones de la Marcha de Infantes, sentarse junto a la Virgen.
“Poder acompañarla este año está siendo un sueño maravilloso”
Por eso para ella ser dama es, ante todo, “un privilegio”, pero también la posibilidad de hacer extensiva esa cercanía a su entorno, de que su casa y los suyos sientan a través de ella la ilusión de tener a la Patrona más cerca. María entiende este año como un regalo recibido en “un momento muy significativo” de su vida, de modo que lo que anticipa que quedará será sobre todo “agradecimiento” y una fe todavía mayor.
Lorena Muñoz Burgos, la devoción aprendida de una abuela
Si hay una figura que vertebra el testimonio de Lorena Muñoz esa es la de su abuela. En nuestra entrevista la nombra como origen de todo: de las subidas a la Sierra, de los domingos de visita, de la enseñanza sencilla pero decisiva de que “hay que ver a la Virgen” y agradecerle. Esa transmisión intergeneracional da a sus palabras una ternura especial. Lorena no habla solo de una fiesta; habla de una historia familiar que desemboca en ella.
“Entre la Virgen y yo siempre va a quedar un vínculo muy estrecho e inquebrantable”
Ser dama es para Lorena “un sueño cumplido” y una ilusión que arrastra desde la niñez. Pero además tiene una expectativa muy concreta: compartir cada instante con familia, amigos y con todo Lucena. Y al proyectarse al futuro deja una de las imágenes más poéticas de la entrevista: aunque guarde la banda y el traje, entre ella y la Virgen quedará “esa mirada cómplice” que le recordará para siempre la suerte vivida.
Araceli Serrano Bueno, vivir desde dentro lo que admiró desde fuera
Araceli Serrano ha mamado la fiesta desde la infancia. Iba con su madre a la ofrenda, a contemplar a la Virgen en su día, a empaparse de un ceremonial que no le resultaba ajeno porque además su propia madre también tuvo la suerte de ser dama.
“Cuando yo la mire a Ella siempre voy a recordar este momento”
Ese espejo cercano convirtió pronto el deseo en una meta. Por eso habla de “cumplir un sueño” con una mezcla de emoción y gratitud, consciente además de que está recibiendo consejos muy valiosos: disfrutarlo porque esto solo pasa una vez. Su visión del después es muy clara: nada volverá a sentirse igual cuando mire a la Virgen, porque cada mayo estará atravesado por el recuerdo de “estos días tan increíbles”, ahora ya no como espectadora, sino como protagonista.
María Toledano Espejo, el sueño compartido de una madre y una hija
La emoción de María Toledano tiene un componente especialmente íntimo: no solo cumple una ilusión propia, sino también la de su madre, que siempre la acercó a la Virgen y que no pudo llegar a ser dama. De ahí que sienta que está realizando “el sueño de las dos”, una frase sencilla pero cargada de significado familiar. En ella se condensa de nuevo esa cadena invisible de transmisión devocional que parece unir a casi todas las componentes de esta corte.
“Estoy cumpliendo el sueño de las dos”
María se sabe una afortunada elegida entre muchas jóvenes que hubieran querido ocupar ese puesto, y cuando piensa en el final del camino tiene claro que lo que quedará será un lazo “inquebrantable”, enriquecido ahora por haber podido estar “lo más cerca posible de ella”.
Una corte cohesionada por la fe, la familia y la conciencia de representar a Lucena
Escucharlas hablar permite extraer una conclusión nítida: la Corte Aracelitana 2026 no comparece ante las fiestas únicamente con ilusión juvenil, sino con una sorprendente madurez en el discurso. En las siete se repiten tres ejes fundamentales.
Primero, la idea de privilegio y responsabilidad: ninguna entiende el nombramiento como lucimiento personal, sino como un deber de representación colectiva.
Segundo, la importancia de la transmisión familiar: madres, abuelas y tías aparecen de forma constante como sembradoras de una devoción que ahora florece públicamente.
Y tercero, la convicción de que esto no termina cuando la Virgen encare de nuevo el camino de su Santuario: todas hablan de vínculo, recuerdo, agradecimiento, unión o fe intensificada. Entienden que ser parte de la Corte Aracelitana no es solo estar junto a la Virgen, sino quedarse para siempre un poco más cerca de Ella.
Ese es, probablemente, el verdadero signo de esta nueva corte: siete jóvenes distintas en formación y personalidad, pero profundamente coincidentes en una misma certeza compartida. Que este año no les pertenece del todo a ellas. Que pertenece, en realidad, a Lucena. Y a María Santísima de Araceli.
Les invitamos a ver y oír la entrevista que con cariño hemos preparado.
