La sucesión de borrascas que ha afectado a la comarca de la Subbética durante las últimas semanas empieza a mostrar sus efectos positivos en los embalses. El pantano de Iznájar, que abastece al sur de la provincia, el más grande de Andalucía, ha experimentado un histórico incremento en el nivel de agua almacenada en las últimas semanas y ha superado en las últimas horas el 50 % de su capacidad total, situándose en los 483,8 hm³ (52,6 %), de los 920 hm³ de capacidad total según datos oficiales en tiempo real.
Esta cifra representa casi el doble del volumen que registraba hace dos semanas, cuando el nivel rondaba el 25%, confirmando así una histórica subida muy pronunciada en un período muy corto gracias a las precipitaciones y al impacto de las varias borrascas atlánticas que han dejado lluvias persistentes en gran parte del sur peninsular.
Ya se supera la media de la última década
Según los datos semanales, el embalse a estas alturas de año se ha encontrado históricamente por debajo de la media de los últimos diez años, que se ubica cerca del 37 % (342 hm³) en esta misma semana.
Esto significa que el actual nivel no solo supera el umbral del 50 %, sino que rebasa ampliamente la media de la última década, algo que no se producía con tanta contundencia desde años marcados por mejores aportaciones hídricas, y que marca un hito significativo tras varios ejercicios cuya norma han sido los niveles más bajos debido a sequías recurrentes.
El papel de las borrascas y las lluvias
Según datos de la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET), desde el 1 de enero hasta el 10 de febrero de 2026, la precipitación acumulada en Andalucía y gran parte del sur de España superó los 145 litros por metro cuadrado, más del triple de la media histórica para este periodo (1991‑2020).
Enero de 2026 se registró como el segundo enero más lluvioso del siglo XXI, con 119,3 l/m², un 85 % por encima de la media climática. Estas lluvias persistentes explican en gran medida la rápida recuperación del embalse y el cruce de la barrera del 50 % de capacidad que continuará durante las próximas semanas una vez finalicen las escorrentías de cauces y arroyos.
Estas precipitaciones han sido calificadas como excepcionales para la época, con aportaciones que, en algunas regiones del sur, han superado ampliamente los valores habituales de los últimos años, contribuyendo a revertir parcialmente patrones de sequía e incrementando de forma generalizada los niveles de agua embalsada.
Contribución del deshielo de Sierra Nevada
El deshielo de Sierra Nevada durante los próximos meses puede incrementar aún más el nivel del "gigante de Andalucía", ya que la nieve acumulada en las altitudes más altas del sistema montañoso alimentará el caudal del río Genil y sus afluentes. Los embalses previos como Canales o Cordobilla regulan parte de este aporte, pero Iznájar, al ser el principal depósito de la cuenca, recibiría la acumulación de todos estos caudales. Si el deshielo coincide con lluvias adicionales, el nivel del embalse podría subir significativamente, acercándose a porcentajes superiores al 60‑70 % de su capacidad.
Según el investigador del Departamento de Ecología del la UGR, especialista en hidrología y nieve, Javier Herrero, se calcula que el macizo de Sierra Nevada acumula actualmente en forma de nieve 150 hectómetros cúbicos de agua una vez se produzca el deshielo provocado por las lluvias y subida de las temperaturas que den fin al invierno.
Importancia para la agricultura y el abastecimiento
El crecimiento del embalse de Iznájar tiene relevancia directa sobre el abastecimiento de agua para riego y consumo humano en amplias zonas de Córdoba, Málaga y Granada, además de mejorar las perspectivas hídricas de cultivos y ecosistemas que dependen de este recurso durante los próximos meses.
Situación comparativa reciente
Aunque todavía lejos de niveles máximos históricos desde que se tienen registros —en ocasiones cercanos al 80-90 % en años húmedos o en épocas puntuales del pasado— el cruce de la barrera del 50 % en tan corto tiempo refleja un cambio muy positivo respecto a la tendencia de los últimos ejercicios, en los que las reservas quedaron por debajo de la media por la sequía persistente.
