"Andalucía y Cataluña en la encrucijada del socialismo", por J. M. Roldán

06 de Noviembre de 2013
"Andalucía y Cataluña en la encrucijada del socialismo", por J. M. Roldán
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En 1974, cuando ya se barruntaba el fin del dictador fascista, los partidos políticos, en ese momento en la clandestinidad, comenzaron a organizar el “día después”. Por aquel entonces hubo lo que se dio en llamar la sopa de letras, en alusión a las siglas de infinidad de grupúsculos políticos nacidos al calor de la inminente llegada de la democracia, unos nuevos y otros herederos de los partidos tradicionales hibernados en la clandestinidad interior o en el exilio.
 
En ese contexto, en 1977, cuando el autonomismo estaba en alza, Felipe González y Alfonso Guerra, auspiciados en el congreso de Suresnes por la socialdemocracia europea comandada por Willy Brant y François Mitterrand, se asociaron con el socialismo catalanista con la intención, que luego resultó acertada, de cerrar el paso al comunismo (PSUC en Cataluña PCE en el resto de España) y proyectarse como partido de gobierno.
 
Esta es la foto que sanciona con imágenes el día en el que el PSOE renunciaba a medir sus fuerzas, en Cataluña, con otras fuerzas socialistas en las primeras elecciones democráticas tras la muerte del dictador, cosa que sin embargo no hizo con el socialismo andaluz (ASA, PSA) comandado por Alejandro Rojas Marcos.
 
La importancia de esa foto reside en que el socialismo nunca ha sido preponderante en Cataluña. No lo fue en los inicios del movimiento obrero, ni en la Semana Trágica (1909), ni en el advenimiento de la Republica y el primer estatuto de autonomía (1931-32), ni durante la guerra, ni en el inicio de la democracia y, evidentemente, no lo es hoy. Bakunin tuvo mas éxito que Marx en Cataluña, y mientras en Madrid y Vascongadas el socialismo, bajo le égida de Pablo Iglesias, se asentaba, en Barcelona las ideas libertarias fueron preponderantes y pese a que la Unión General de Trabajadores (UGT) fue fundada en Barcelona en 1888 la Confederación Nacional del Trabajo (CNT), fundada también en Barcelona veinte años después, se hizo con la supremacía del movimiento obrero iniciado a principios de siglo con Solidaritat Obrera a su vez descendiente de la Unió Local de Societats Obreres de Barcelona.
 
De la historia del movimiento obrero en Cataluña forman parte el POUM y el PSUC, ambos de izquierda y ambos catalanistas, la izquierda y el catalanismo caminan juntos desde siempre y ello ha provocado, también desde siempre, no pocas tensiones con la izquierda del resto de España. Si, hay historias que vienen de muy lejos, véase el libro, socialismo español y federalismo (1873 – 1976), del politólogo Daniel Guerra Sesma sobre la compleja relación del PSOE con respecto a la “cuestión catalana” y el federalismo.
 
Así pues, el PSOE, con una federación catalana apenas reconstruida después de 40 años de franquismo y temiendo quedar por detrás del PSUC, no quiso entrar en una competición electoral directa con el socialismo catalán en las elecciones de 1977 y formalizo el pacto con el PSC Congres (Raimon Obiols y Joan Raventos) del que después, conjuntamente con el PSC Reagrupament (del malogrado Josep Pallach), nació el PSC que ha jugado un papel muy relevante en Cataluña.
 
Hoy, no es posible negarlo, el PSC se haya en una muy delicada posición, tremendamente debilitado por el impacto de la crisis económica y por la responsabilidad que muchos antiguos votantes socialistas atribuyen a Zapatero en la administración de la misma.
 
Momento pues muy delicado, si el PSOE cae en la tentación de recrear la federación socialista de Cataluña se convertirá en un partido absolutamente irrelevante, digan lo que digan los Bono, Guerra, Rodríguez Ibarra y compañía, mantener la actual relación también es muy arriesgado por lo que parece razonable actuar decididamente en clave reformista y tomar un papel más activo en la política catalana. Ocasión para eso se tendrá en la conferencia política a celebrar próximamente.
 
 
Andalucía y Cataluña, ahora como en 1977 el mismo dilema estratégico, acertar o no pude suponer un largísimo periodo de ostracismo político para el PSOE.
 
Juan M. Roldán
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