"Una crítica a Lucena"

10 de Mayo de 2012
"Una crítica a Lucena"
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El pensamiento único minimiza y estanca a cualquier unidad social. La crítica –positiva, negativa o constructiva- siempre vigoriza a un pueblo y es una señal inequívoca de su magnitud. Ocurre en Lucena que la más mínima censura sobre determinado asunto es considerada una afrenta y su autor un esquirol. Este arcaico fenómeno surge en todos los ámbitos de nuestra sociedad lucentina, ya sea en el sector político –aquí lo correcto es complacer al poder de turno–, cofradiero, social, empresarial, artístico o deportivo. En los últimos tiempos, salvando las naturales excepciones, tan solo han surgido voces discordantes en la red, aunque carentes de validez, puesto que son soflamas que se escudan en el cobarde anonimato que concede el espacio de Internet.
 
Los motivos para la inexistencia de la disonancia son diferentes según el ámbito a examinar, pero es común el deseo de satisfacer a las fuerzas imperantes ya sea porque se recibe una contraprestación o porque hay expectativas de ello. Otra causa proviene del ascenso de ego que experimentan algunas personas al codearse con las altas esferas. Es insostenible la paradoja de querer abrir a Lucena al exterior y planear campañas para atraer turismo mientras se pretende que esta localidad sea un bloque cerrado e invariable. En Lucena es habitual incurrir en el imperdonable error de confundir tradiciones y costumbres con inmovilismo.
 
Los medios de comunicación juegan un papel fundamental a la hora de transmitir elogios y reproches a hechos o situaciones concretas, en este caso, de Lucena. Cuánto más robustos y plurales sean los soportes mediáticos de una zona mayor será el desarrollo y el avance de la misma. El grado de aceptación del ensalzamiento y la reprobación, de igual modo, define a una sociedad evolucionada y formada.
 
Sin duda, la acción del cuarto poder es esencial, pero no ha de ser el único espectro social comprometido. Las elites –entendidas como tales aquellos sujetos que resaltan sobre el resto por sus cualidades- son adjudicatarias de la obligación cívica que les empuja a ejercer como auténticos ciudadanos y a pronunciarse y analizar los sucesos relevantes en la vida lucentina. La construcción de una Lucena más potente y la conversión en eminente ciudad no se consigue aumentando el ocio ni favoreciendo el folclore sino auspiciando el debate y promoviendo la diversidad de pareceres.
 
Manuel González García
Twitter: m_gonzalezgcia
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