El Alfar Romano de Los Tejares recupera la normalidad tras la importante inundación sufrida durante los temporales de invierno

El Ayuntamiento confirma que el recurso patrimonial no ha sufrido daños estructurales ni en sus sistemas audiovisuales, aunque continuará el control de humedad y ventilación preventiva

22 de Mayo de 2026
Centro de Interpretación del Alfar Romano de Los Tejares
Centro de Interpretación del Alfar Romano de Los Tejares

El Alfar Romano de Los Tejares ha recuperado la normalidad tras los trabajos realizados durante los últimos meses para resolver los problemas ocasionados por la inundación que sufrió su sala principal durante el pasado invierno. La edil de Patrimonio Histórico, Charo Valverde, ha anunciado este viernes que el recurso patrimonial vuelve a estar “todo en orden” después de las lluvias registradas en enero y febrero, que provocaron la acumulación de agua en el interior del edificio hasta alcanzar una altura aproximada de un metro en la zona donde se ubica el conjunto de hornos.

Valverde ha explicado que el alfar no presenta daños y que puede volver a recibir visitas con normalidad, como ya ha ocurrido esta misma jornada con la presencia de escolares del Colegio Antonio Machado. La concejala ha querido destacar el trabajo realizado por el personal técnico y municipal para permitir que este espacio arqueológico “pueda nuevamente abrirse a la ciudad” y mantener su actividad habitual como recurso cultural y educativo.

 

Un proceso de secado de varios meses para evitar daños mayores

El arqueólogo municipal, Daniel Botella, ha detallado que las labores comenzaron en febrero, tras comprobarse que la inundación no se debía a una crecida del río Lucena, sino a la propia configuración topográfica y geológica del enclave. El Alfar Romano de Los Tejares se encuentra en uno de los puntos más bajos de la zona y asentado sobre una capa de arcillas plásticas de gran calidad y carácter impermeable. Esa circunstancia favoreció que el agua de lluvia quedara acumulada en el interior del recinto, convirtiendo la sala en una especie de “gran piscina”.

La primera intervención consistió en la extracción del agua acumulada, que llegó prácticamente hasta el intradós de los arcos de la cámara de combustión. Para ello fue decisiva la colaboración de Protección Civil, cuyos efectivos acudieron diariamente para instalar bombas y evacuar el agua hacia una arqueta próxima. 

Una vez retirada el agua, el trabajo se ha centrado en favorecer un secado lento y controlado de las estructuras arqueológicas. Desde febrero se ha procedido diariamente a abrir y cerrar el edificio, especialmente a primera hora de la mañana, para permitir la ventilación natural y reducir de forma progresiva la humedad relativa, que ya se sitúa en niveles aceptables, entre el 65 y el 70 por ciento. Según Botella, este proceso debía realizarse sin forzar el secado, ya que se trata de estructuras muy frágiles, realizadas fundamentalmente en adobe, un material especialmente sensible al agua.

El arqueólogo ha subrayado que acelerar artificialmente el secado habría podido provocar daños mayores, como la aparición de sales o la necesidad de una nueva intervención de restauración. Por ello, el Ayuntamiento ha optado por un procedimiento más lento, pero más seguro para la conservación del conjunto arqueológico. 

Durante las últimas semanas, los trabajos se han centrado en la limpieza del fango acumulado en el suelo y en las paredes de la sala principal. También se han solventado otros daños derivados del temporal en el entorno exterior, como el vuelco de algunos cipreses, ya corregido con la intervención del personal de Patrimonio y Jardinería.

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