El alcalde plantea comprar los terrenos de la ciudad íbero-romana de Morana con parte de los fondos obtenidos por la expropiación de los suelos de la autovía

Juan Pérez asegura que "sería tremendamente interesante" sumar este espacio arqueológico al patrimonio local para su puesta en valor a medio plazo y considera que el informe sobre posibles usos de los 1,5 millones de euros que la Junta ha pagado por los suelos ocupados para la autovía permite realizares operación, cifrada en unos 200.000 euros.

29 de Agosto de 2017
Una de las estructuras de la ciudad íbero-romana de Morana, cuya compra se certificará en los próximos meses

El equipo de gobierno del ayuntamiento de Lucena estudia la posibilidad de adquirir en los próximos meses el yacimiento arqueológico de Morana, en el que se han constatado restos de una ciudad íbero-romana con presencia desde Bronce final, en el siglo VIII (a.C.), hasta la época árabe.

El alcalde, Juan Pérez, considera que la partida de 1,5 millones de euros generada por el pago de los terrenos expropiados por la Junta de Andalucía para la construcción de la autovía Lucena-Cabra ofrecen esta posibilidad.

El regidor lucentino ha señalado a este periódico que el informe encargado a los servicios jurídicos para determinar que posibles usos se pueden dar a ese dinero apunta a que uno de los destinos autorizados sería la adquisición de suelos que pasen a integrarse en el patrimonio municipal, por lo que la compra de Morana encajaría perfectamente en ese propósito.

Pérez indicó a LucenaHoy que ese compraventa podría cerrarse en un precio aproximado de unos 200.000 euros, valor que coincide con el otorgado a estos suelos en su día tanto por un ingeniero agrónomo como por el arqueólogo municipal. 

Imagen de archivo de una visita de las autoridades locales a Morana junto al arqueólogo municipal

Situada en la carretera de Jauja, y catalogada como Bien de Interés Cultural por la Junta de Andalucía, la adquisición y puesta en valor de esta fortificación íbero-romana, que se extiende sobre una superficie de unas 15 hectáreas, está en la agenda del Consistorio lucentino desde hace décadas y el consistorio incluso llegó a plantear una posible expropiación. La positiva experiencia que ha supuesto la puesta en valor de otros yacimientos similares en el sur de la provincia como Torreparedones en Baena, el Cerro de las Cabezas en Fuente Tójar, Cerro de la Cruz y El ruedo, en Almedinilla, o la villa romana de Fuente Álamo en Puente Genil, animan al equipo de gobierno a retomar nuevamente este viejo proyecto.

El ayuntamiento llevó a cabo en 2006 el deslinde de los terrenos, la planimetría de la zona y la valoración económica de los cuatro sectores en los que se divide e inicio un expediente de segregación para facilitar un acuerdo con los tres propietarios de esta zona arqueológica, aunque la mayor parte del terreno corresponde a un solo dueño, residente en Córdoba, con el que ya se han mantenido conversaciones y existe un  principio de acuerdo e incluso la posibilidad de obtener facilidades de pago para satisfacer el importe final de los suelos en varios plazos.

Juan Pérez indicó que "sería tremendamente interesante poder cerrar esta compra, tanto por el valor histórico y patrimonial de los terrenos como por su componente paisajístico y de ocio y las oportunidades que ofrecería para el turismo en los próximos años, una vez excavado, para lo que podríamos contar con escuelas-taller, talleres de empleo, personal de programas de empleo como el Emplea Joven o Emplea 30 Plus o campamentos de verano. 

El paraje de Morana, situado cerca del río Anzur, cuenta con 1,2 hectáreas correspondientes a la necrópolis, ocho de la ciudad íbera de Morana, cuatro del cerro Acebuchoso, así como un bosque mediterráneo anexo.

El consejo de gobierno de la Junta de Andalucía declaró el 6 de marzo de 2000 como Bien de Interés Cultural, con el rango de Zonas Arqueológicas, los restos “Las Laderas de Morana”. El yacimiento responde a un modelo de fortificación en lugar elevado muy característico de la población protohistórica del valle del Genil. Aunque no se han encontrado huellas arquitectónicas anteriores a la presencia íbera, los restos cerámicos recogidos permiten datar la primera ocupación del enclave en la época tartésica. Del período ibérico han quedado vestigios de una doble línea de muralla y de un baluarte defensivo, a los que se suman otros hallazgos procedentes de la ocupación romana como cisternas, tumbas hipogeas, un almacén y otros elementos constructivos.

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