La parroquia católica del Corpus Christi, en Wokingham (oeste de Londres), vivió el pasado domingo 4 de enero una celebración de Epifanía poco habitual en sus 56 años de historia. Y no por la misa en sí –solemne, familiar y con el tono propio de esta fecha– sino por la aparición al final de la misma de Sus Majestades Melchor, Gaspar y Baltasar, gracias a la iniciativa de Diego Martín Blanco, lucentino de 50 años y residente en el Reino Unido desde hace un cuarto de siglo, contando con la colaboración de la Peña Amigos de los Magos de Lucena, que llevó una de las tradiciones más queridas del calendario español hasta el corazón de una comunidad británica.
La escena tuvo algo de cine. Al concluir la eucaristía, los tres Reyes comenzaron a avanzar por el pasillo central del templo con una pequeña procesión improvisada, acompasados por el órgano y el coro, bajo el conocido himno “We Three Kings of Orient Are”, compuesto por John Henry Hopkins Jr. en 1857. Fue entonces cuando el ambiente cambió por completo: de la calma litúrgica al asombro, y del asombro a la emoción colectiva.
Monedas de chocolate, mantos y ojos como platos
Los grandes protagonistas fueron los niños. Muchos, por contexto cultural, apenas habían tenido contacto real con la tradición de los Reyes Magos. Pero bastó un minuto para que lo entendieran todo sin necesidad de explicaciones: ilusión, sorpresa, cercanía. Se desbordaron en alegría, recibieron monedas de chocolate, tocaron los mantos y escucharon las crónicas del viaje y la adoración al Niño Jesús.
En una parroquia acostumbrada a celebraciones propias del calendario anglosajón, la Epifanía adquirió un aire distinto, más narrativo, más visual, más cercano a lo que en España se vive cada 6 de enero. Y eso se notó en los gestos: familias sonriendo, móviles levantados, miradas de complicidad, comentarios en voz baja y esa sensación tan rara –y tan bonita– de estar asistiendo a algo “nuevo” y, al mismo tiempo, profundamente antiguo.

“Una pica en Londres”
Diego Martín Blanco nos contaba hace unos días esta idea, que resume con un orgullo discreto pero evidente: “Por muy lejos que marche un lucentino parece que siempre mantiene el vínculo con Lucena y prueba de ello es esta noticia que le adjunto”. Y añade una frase que podría ser titular por sí sola: “Se ha conseguido poner una pica en Londres”.
No se trataba de una visita improvisada ni de un golpe de suerte: la idea se venía trabajando desde septiembre, principalmente a través de redes sociales, y con apoyo logístico de la Peña Amigos de los Magos de Lucena y el empuje de quienes creen que las tradiciones, si se cuidan, viajan y crecen.
“Se podrán mejorar detalles, enriquecer la puesta en escena e incrementar presupuestos, pero lo que no cambiará será la alegría y caras de felicidad de los presentes”.
El evento, asegura Diego, ya tiene fecha fija y los Reyes Magos volverán cada año a esta parroquia inglesa, que ha aprobado repetir el acto anualmente. para que la iniciativa pase a ser un puente cultural y religioso que se queda.
Señala Diego que “cuando pasen los años y los niños de hoy ya mayores investiguen el origen de esta tradición en su parroquia encontrarán su germen en el centro de Andalucía”.
Porque al final, por encima de himnos, mantos o monedas de chocolate, lo que quedó en el templo fue una sensación clara: la Epifanía en Wokingham ya no será igual. Y, desde este año, tendrá un vínculo oficial con Andalucía.
Una fiesta que, como bien dicen desde la comunidad lucentina que la hizo posible, ha venido para quedarse.