El fin de semana nos ha dejado una de esas historias pequeñas, que no cambian el mundo, pero sí nuestra forma de mirarlo. Antonio Moyano, persona de sobra conocida en nuestra ciudad por su trayectoria como profesor y director del colegio El Valle y por su implicación en distintos movimientos sociales, perdió el viernes un estuche con 3.500 euros pertenecientes a su comunidad de vecinos. Dos días después, el dinero regresó intacto a sus manos gracias a un gesto anónimo que, en un mundo como el actual, nos devuelve la confianza en las personas.
El dinero no era suyo. Era el fondo que la comunidad de vecinos destina a gastos generales. Moyano se dirigía a ingresarlo en una sucursal bancaria en el centro cuando surgió el contratiempo. “Fui al banco, pero no me lo cogieron porque, al parecer, Hacienda no admitía el ingreso de esa cantidad en efectivo”, explica. Sin otra opción, guardó el dinero en un estuche y emprendió el camino de vuelta a casa. En algún punto del trayecto hasta la zona de El Carmen, donde había estacionado su coche, el estuche –"uno de esos escolares, para lápices de colores"– se deslizó del bolsillo sin que él lo advirtiera. “Se me tuvo que caer por el camino. Pensé que era muy difícil que apareciera”, recuerda. Aun así, difundió el aviso por redes sociales y entre sus contactos, más como desahogo que como esperanza real de recuperar el estuche y su contenido.
El giro positivo de la historia llegó un día más tarde. Moyano estaba reponiendo libros en las vitrinas que gestiona la asociación 'Amigos de la Escuela' en distintos puntos de la ciudad cuando un hombre se le acercó. "Lo había visto antes, aunque no sabía su nombre", señala Antonio Moyano. La pregunta fue directa: "Antonio, ¿es a ti a quien se le ha perdido un dinero?"
La respuesta fue inmediata. Confirmó que sí, que lo llevaba en un estuche escolar. Entonces el hombre sacó de su chaquetón uno idéntico. “Me dijo: ‘¿Como éste?’ Y confirmé. Era el mío”. Dentro estaban los 3.500 euros.
Moyano intentó recompensar el gesto entregándole 300 euros. “Le costó aceptarlos. Se negaba a ello”, subraya. Más allá del gesto, el hombre pidió expresamente que no revelase su identidad. No quiere reconocimiento ni agradecimientos. Solo devolver lo que encontró y no era suyo.
En una época marcada por la desconfianza y la prisa, en la que muchas veces recelamos de quienes nos rodean, historias como esta vienen a demostrar que la honradez existe y que, a veces, se manifiesta en forma de estuche escolar cargado de dinero, encontrado en la calle y devuelto sin pedir nada a cambio.