Hay cosas que en pleno siglo XXI resultan difíciles de creer.
Que un parque de bomberos pueda quedarse sin agua ya es grave. Pero que el Parque Comarcal de Bomberos de Lucena lleve años dependiendo de un pozo sin garantías de suministro resulta sencillamente inadmisible.
Los bomberos necesitan algo tan elemental como agua corriente garantizada.
Y la solución tiene nombre: llevar una conducción de agua hasta el parque de bomberos.
No estamos hablando de un capricho ni de una obra faraónica. Hablamos de dotar de un suministro básico y seguro a una instalación que presta un servicio esencial de emergencias.
Hasta ahora, según la información recibida, el parque se abastece mediante un pozo. ¿Qué ocurre cuando falla la bomba o hay un problema eléctrico?
Pues lo que está ocurriendo ahora: los bomberos se quedan sin agua.
Y la imagen debería avergonzar a cualquier responsable público: después de una jornada con numerosas intervenciones y de participar en el rescate de una mujer de 86 años desaparecida en Benamejí, los bomberos han tenido que utilizar agua de los camiones para poder ducharse en el patio del parque.
Agua para apagar incendios y rescatar personas, tampoco, en el último incendio de naves industriales en Lucena, los hidrantes, obligatorio por Ley, no estaban operativos.
Agua corriente para los propios bomberos, no.
Esto es inadmisible.
Y aquí hay que señalar directamente al alcalde de Lucena, Aurelio Fernández.
Porque si la solución pasa por llevar hasta el parque una conducción de agua corriente, el Ayuntamiento tiene que actuar.
No vale esconderse detrás de que el parque depende de la Diputación. La Diputación podrá gestionar el servicio de bomberos, pero si para solucionar definitivamente el problema hay que conectar las instalaciones a la red de abastecimiento de Lucena, el alcalde tiene que implicarse y exigir una solución.
Aurelio Fernández tiene que mover ficha.
Tiene que sentarse con la Diputación, la empresa suministradora y quien sea necesario para conseguir que el parque disponga de un suministro estable, suficiente y con todas las garantías.
Porque depender de un pozo para un servicio de emergencias es una precariedad que Lucena no debería aceptar.
Y hay más. Según se denuncia, existe desde hace años una descalcificadora que nunca ha funcionado correctamente y una cloradora que tampoco está operativa.
Por tanto, la pregunta no es solamente por qué hoy no hay agua.
La pregunta es:
¿Por qué durante años se ha permitido que un parque de bomberos funcione con unas instalaciones de abastecimiento sin garantías?
¿Quién lo sabía? ¿Quién debía solucionarlo? ¿Por qué nadie lo ha hecho?
Reparar una bomba cuando se rompe puede ser un parche. La solución definitiva es que el parque tenga agua corriente procedente de una red de abastecimiento que garantice el suministro.
Los bomberos no pueden depender de que una bomba funcione, de que un pozo tenga agua o de que no falle la electricidad.
Ellos están para solucionar las emergencias de los demás.
No podemos convertir sus propias instalaciones en una emergencia permanente.
Ayer los bomberos de Lucena estuvieron donde tenían que estar: ayudando a rescatar a una mujer de 86 años desaparecida en Benamejí.
Cumplieron.
Ahora les toca cumplir a los responsables políticos.
Aurelio Fernández: lleve el agua hasta los bomberos.
No mañana. No después de otra avería. Ahora.
Porque garantizar agua corriente a un parque de bomberos no debería ser discutible.
Debería ser una obligación.
