En julio de 2024 el Ayuntamiento de Lucena anunció la aceptación del legado testamentario de Teodoro Écija Cordón y Concepción de Mora Escudero, incorporando al patrimonio municipal más de 122 hectáreas de la Sierra de Aras.
Aquel acontecimiento fue presentado como un hecho histórico para nuestra ciudad. Y lo era. No todos los días una generación recibe la responsabilidad de custodiar uno de los espacios naturales más emblemáticos de su término municipal.
Pocos meses después, en octubre de 2024, el propio Ayuntamiento hizo público que estudiaría la solicitud de una figura de protección específica para la Sierra de Aras, contemplándose opciones como la declaración de Monumento Natural, Paraje Protegido o Reserva Ecológica. Se trataba de una reivindicación largamente defendida por la asociación ecologista Mejorana y compartida por numerosos vecinos preocupados por la conservación de este enclave.
Han pasado ya cerca de dos años. Tiempo suficiente para que los lucentinos podamos preguntarnos legítimamente qué ha ocurrido desde entonces.
¿Qué actuaciones concretas se han realizado?
¿Qué estudios se han encargado?
¿Qué trámites se han iniciado ante la Junta de Andalucía?
¿Existe algún expediente en marcha?
¿Se ha solicitado formalmente alguna figura de protección?
Porque hasta donde alcanza el conocimiento público, no se conocen avances significativos que permitan afirmar que aquel compromiso se está materializando.
Y eso resulta preocupante. No porque la Sierra de Aras haya dejado de ser valiosa. Sino precisamente porque sigue siendo uno de los mayores tesoros ambientales, paisajísticos y sentimentales de Lucena.
Los donantes expresaron una voluntad inequívoca: preservar este espacio natural para las generaciones venideras. El Ayuntamiento aceptó esa responsabilidad. Y los vecinos tienen derecho a conocer cómo se está ejerciendo
La Sierra de Aras es mucho más que una propiedad municipal. Es la imagen que acompaña a nuestra ciudad desde hace generaciones. Es el entorno natural del Santuario de María Santísima de Araceli. Es un espacio de encuentro, de memoria colectiva y de identidad compartida. Y es, además, uno de los pocos lugares capaces de unir a los lucentinos por encima de diferencias ideológicas o políticas.
Por eso sorprende que una oportunidad histórica como la que ofreció este legado no haya venido acompañada, al menos de forma visible, de una estrategia pública clara para garantizar su protección futura.
Los donantes expresaron una voluntad inequívoca: preservar este espacio natural para las generaciones venideras. El Ayuntamiento aceptó esa responsabilidad. Y los vecinos tienen derecho a conocer cómo se está ejerciendo.
Las administraciones públicas no son propietarias de los legados que reciben; son sus custodias temporales. Y la mejor manera de honrar un legado no consiste en recordarlo en los discursos institucionales. Consiste en cumplir el compromiso que lleva implícito.
Por ello, le solicito públicamente que informe a los vecinos de Lucena sobre el estado actual de las iniciativas encaminadas a la protección de la Sierra de Aras, detallando las actuaciones realizadas desde 2024, los contactos mantenidos con otras administraciones, los obstáculos encontrados y los plazos previstos para avanzar hacia una figura de protección efectiva.
Porque el tiempo pasa. Y las oportunidades históricas también. La Sierra de Aras pertenece a todos los lucentinos. Su protección debería ser una prioridad compartida y una obligación moral para quienes tienen hoy la responsabilidad de administrarla.
Atentamente,
Vicente Dalda. Vecino de Lucena