Vicente Dalda García-Taheño

España-Francia más que un partido

Funcionario de carrera. Empresario. Exconcejal del Ayuntamiento de Lucena
14 de Julio de 2026
Foto: Freepik
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Hay casualidades que solo el calendario es capaz de organizar.

El 14 de julio Francia celebra la toma de la Bastilla, la fiesta nacional que conmemora el inicio de la Revolución Francesa y el principio del fin de la monarquía absoluta. Y, precisamente ese mismo día, se enfrenta a España en las semifinales del Mundial.

La ironía estaba servida. Faltaba un detalle para convertirla en una obra maestra: que el Rey de España apareciera en el palco de honor. Habría sido una fotografía deliciosa: mientras Francia celebra haber cortado la cabeza a su rey hace más de dos siglos, un rey español animando tranquilamente a su selección en territorio neutral.

Pero no. La agenda, siempre tan inoportuna para el humor, ha decidido privarnos de esa imagen. Felipe VI permanecerá en Barcelona presidiendo la ceremonia de los Premios Princesa de Girona, un compromiso institucional ineludible.

Es una pena. No por el fútbol, que también, sino porque la historia perdía una oportunidad extraordinaria de demostrar que sabe reírse de sí misma. Imaginen el protocolo francés. ¿Dónde sentamos al Rey? ¿En el palco presidencial? ¿Le ofrecemos champán? ¿Le enseñamos una reproducción en miniatura de la Bastilla como recuerdo? ¿O, por si acaso, evitamos cualquier referencia a las guillotinas? Habría sido una escena digna de una comedia de enredos.

Aunque quizá el Rey haya pensado que era más prudente no tentar demasiado a la historia. Al fin y al cabo, los franceses llevan 237 años celebrando precisamente el día en que decidieron que aquello de tener rey ya no les convencía demasiado.

España, mientras tanto, acudirá con normalidad. Una monarquía parlamentaria consolidada que juega al fútbol con absoluta normalidad contra una república igualmente consolidada. Porque, afortunadamente, en 2026 las diferencias institucionales se resuelven con un balón y no con una barricada. Eso sí, no deja de ser curioso que el único español que no podrá asistir al gran duelo entre la Monarquía y la República sea precisamente... el Rey.

Quizá sea el mayor triunfo de la Revolución Francesa: dos siglos después sigue consiguiendo que un monarca español no pueda aparecer en su fiesta. En cualquier caso, los franceses celebrarán la Bastilla; los españoles celebraremos, si hay suerte, los goles. Y, visto lo visto, casi es mejor así. Las revoluciones pueden cambiar la historia. Pero un gol en el minuto noventa cambia el humor de un país entero.

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