Fernando García

El río Lucena: Una asignatura pendiente que no entiende de siglas políticas

08 de Abril de 2026
Una imagen del Río Lucena a su paso por El Cascajar
Una imagen del Río Lucena a su paso por El Cascajar

​Lucena acaba de dar un paso con la licitación de las obras en El Cascajar. Una inversión de 110.000 euros para bancos, senderos y un parque canino que, a priori, todos celebramos. Sin embargo, como vecino que observa el día a día de nuestra ciudad, no puedo evitar una reflexión amarga: estamos intentando ponerle un marco de oro a un cuadro que está roto, sucio y, lamentablemente, secuestrado.

​Llevamos más de cuarenta años viviendo de espaldas al río Lucena. Lo que en cualquier ciudad moderna europea sería una arteria de vida, un corredor verde donde pasear, hacer deporte o respirar aire puro, aquí es una cicatriz de hormigón. Un canal oculto tras construcciones ilegales, asfixiado por un urbanismo invasivo que le ha robado en algunos lugares hasta el último centímetro de sus márgenes.

¿De qué sirve un parque nuevo si el aire que se respira en él huele a vertido incontrolado? ¿De qué sirve embellecer la superficie si el ecosistema está herido de muerte? La respuesta es incómoda: no sirve de nada si no tenemos la valentía de abordar el problema de raíz.

​Recuperar el río Lucena no es una bandera política ni un capricho "ecologista". Es una cuestión de justicia urbanística, salud pública y seguridad. Durante décadas, hemos permitido que el río sea "privatizado" de facto. Hay quienes han estirado sus lindes, han levantado muros donde debería haber ribera y han cerrado el paso al dominio público, impidiendo que el resto de los lucentinos disfrutemos de la servidumbre que, por ley, nos pertenece a todos.

​Recuperar el río Lucena no es una bandera política ni un capricho "ecologista". Es una cuestión de justicia urbanística, salud pública y seguridad.

​No podemos seguir comprando la excusa de que "es competencia de la Confederación". El alcantarillado es competencia municipal, la vigilancia de lo que se vierte desde nuestras industrias y calles es responsabilidad local.

La ambición por nuestra ciudad debe nacer en el salón de plenos de nuestro Ayuntamiento. Por eso, hago un llamamiento a todos los grupos políticos de nuestra corporación. Lucena necesita un compromiso que trascienda mandatos y siglas. Necesitamos un plan consensuado para que el río sea patrimonio de todos:

  1. Tecnología contra la impunidad: Sensores y drones para que quien ensucie el río pague por ello. Quien contamina, restaura.
  2. Disciplina y valentía: Recuperar cada metro de suelo público usurpado. No es un ataque a la propiedad; es devolverle al pueblo lo que le ha sido arrebatado en la sombra.
  3. Sustituir el gris por el verde: Cambiar el hormigón por vida. La bioingeniería no es un lujo, es la forma más barata y eficaz de gestionar nuestras aguas y combatir el calor.

​Imaginad por un momento una Lucena donde pudiéramos caminar desde una punta a otra de la ciudad por un sendero arbolado, junto a un agua limpia. Ese es el verdadero legado que debemos dejar a nuestros jóvenes.

Me niego a aceptar que el estado de nuestro río sea una fatalidad del destino. Es una elección política. El río puede ser nuestro pulmón verde, y ha llegado la hora de que todos –absolutamente todos– nos pongamos de acuerdo para hacerlo funcionar de nuevo. Lucena no puede seguir siendo la ciudad que esconde su río porque le avergüenza. Es el momento de la generosidad política por el bien de todos.

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