Fernando García

Temporales: anticipación, coordinación y calma, por Fernando M. García

10 de Febrero de 2026
Foto: Pixabay
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Aunque con una menor incidencia, seguimos dentro del temporal. Lluvias persistentes, rachas de viento y suelos saturados mantienen la tensión en buena parte de Andalucía, con especial atención a la Subbética. En días así, la diferencia entre un susto y una emergencia seria la marcan dos palabras: anticipación y coordinación. Desde 2015, la Ley 17/2015 del Sistema Nacional de Protección Civil reconoce el derecho de la ciudadanía a la información, ordena los tipos de planes (estatales, autonómicos y locales) y fija cómo se declara una “zona afectada gravemente por una emergencia de protección civil (ZAEPC)” si el daño supera la capacidad ordinaria. Esa arquitectura se completa con la Norma Básica de Protección Civil (RD 524/2023), que estandariza fases y situaciones operativas (0–3), el contenido mínimo de los planes y su implantación y evaluación, y mantiene en vigor con carácter transitorio directrices anteriores, como la de inundaciones, hasta que se aprueben las nuevas. Todo ello permite que las administraciones hablen el mismo idioma y que la población reciba mensajes claros y coherentes.

En materia de inundaciones, el terreno se planifica con mapas y datos, no con intuiciones. El Real Decreto 903/2010 obliga a identificar Áreas de Riesgo Potencial Significativo de Inundación (ARPSIs) y a elaborar mapas de peligrosidad y de riesgo por periodos de retorno (10/100/500 años), que están abiertos al público para que cualquiera consulte si su calle, su bajo o su nave están en zona inundable. Dos recursos son imprescindibles: el Sistema Nacional de Cartografía de Zonas Inundables (SNCZI), que centraliza la información, y la cartografía de la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir (CHG), que detalla ARPSIs y riesgo para nuestra demarcación. Usar esos visores antes de moverse, o de decidir dónde aparcar, por qué calles evitar o qué proteger, es autoprotección inteligente.

El engranaje andaluz funciona como un puente entre lo estatal y lo local. El Plan Territorial de Emergencias de Andalucía (PTEAnd), aprobado por el Decreto 69/2024, define cómo se coordinan la Junta, las diputaciones y los ayuntamientos, y encaja con el Plan Estatal General de Emergencias (PLEGEM) cuando la emergencia crece y exige apoyos de ámbito nacional. Para episodios de lluvia y avenidas, el Plan Especial ante el Riesgo de Inundaciones (PERI) concreta situaciones operativas, pautas de movilización y el papel del 112 en la información a la población. Este armazón, estatal y autonómico, existe para que, cuando la atmósfera aprieta, la respuesta llegue a tiempo y por la vía adecuada.

En Lucena, el esquema se traduce en hechos. Con la llegada de la borrasca, el Ayuntamiento activó el Plan de Emergencia Municipal (nivel 0) para adelantarse a los peores momentos, constituyó el CECOPAL, el centro de coordinación local, y cerró parques y equipamientos con arbolado, suspendió actividades con menores y el mercadillo, y reforzó la limpieza en los puntos que más problemas suelen dar (Puente de Córdoba, Maquedano, La Torca, entorno de la Residencia el Sauce). Se trata de prevención, no de alarma: reducir exposición y movilidad en zonas sensibles mientras se preposicionan equipos. La comunicación pública incluyó los teléfonos de Policía Local (957 500 327) e incidencias municipales (638 768 851), un detalle que facilita que cada aviso encuentre la puerta adecuada.

A partir de ahí, el episodio dejó caídas de arbolado en distintos puntos del casco urbano y tensión en los cauces: alerta roja en el río Anzur, con desalojos preventivos en el entorno de Los Piedros, y cortes eléctricos en zonas como Campo de Aras; también hubo crecida del Genil en Jauja, con daños en la piscina y la aceña antes de que el nivel descendiera y la situación se estabilizara. Nada de esto se gestiona a ciegas: activar el plan con tiempo y mantener el mando único permite ordenar cierres, planificar desvíos y priorizar actuaciones de emergencia con cabeza fría.

Conviene subrayarlo: reconocimiento expreso para quienes sostienen la operación a pie de calle. Ayuntamiento de Lucena, Policía Local, Bomberos del Consorcio Provincial, Servicios Operativos, voluntariado de Protección Civil, personal del 112 Andalucía y el resto de los intervinientes llevan jornadas achicando agua, retirando árboles, balizando zonas inseguras, atendiendo a personas vulnerables y actualizando información. Esa suma de decisiones pequeñas, tomadas a tiempo y bien comunicadas, evita accidentes y reduce daños en el momento en que cada minuto cuenta.

Mientras este tipo de situaciones persistan, la regla es sencilla: evitar lo evitable. No cruzar cauces, vaguadas, pasos subterráneos ni calles anegadas; si conduces y ves balsas de agua, da la vuelta: la profundidad engaña y la corriente, más. Para planificar trayectos, los visores SNCZI y CHG ayudan a decidir por dónde no pasar, y si llega un aviso ES‑Alert (ese mensaje a móviles con pitido inconfundible), léelo completo y sigue las instrucciones; si tienes personas mayores cerca, ayúdales a interpretarlo. La información fiable fluye por 112 Andalucía, la web y redes municipales y los bandos del CECOPAL: seguir solo estos canales reduce ruido y acelera la respuesta.

También hay espacio para decisiones domésticas que marcan la diferencia: retirar objetos sueltos de balcones y azoteas, elevar enseres en bajos/garajes, revisar sumideros y válvulas antirretorno, preparar linterna, batería externa y medicación esencial. Si una vivienda o un negocio sufren daños, conviene documentarlo todo (fotos, vídeos, facturas) para agilizar seguros y, si se activan, ayudas públicas del RD 307/2005; si la magnitud del episodio lo justificara, la Ley 17/2015 permite la declaración de ZAEPC, que abre la puerta a medidas fiscales, laborales y de financiación extraordinarias.

Las empresas, pymes, autónomos, cooperativas, pueden y deben jugar en modo continuidad. En episodios como el actual, reprogramar turnos y entradas fuera de las horas de mayor precipitación o viento, evitar desplazamientos y priorizar teletrabajo cuando sea posible reduce exposición sin parar la actividad. En naves o locales en cota baja, elevar mercancías y equipos, instalar barreras de retención y comprobar antirretornos ahorra pérdidas evitables; revisar SAIs o grupo electrógeno y asegurar rótulos o toldos previene daños colaterales. Si hay repartos, cruzar rutas con los visores SNCZI/CHG y con los cortes municipales, y ajustar ventanas de entrega al parte del 112, evita atascos y riesgos. La NBPC insiste en que los planes, también los internos, se implanten y evalúen: un repaso breve con el equipo (“qué funcionó, qué faltó, qué cambiaremos”) cuando escampe convierte el susto en mejora. Y no olvidemos que el RD 307/2005 prevé ayudas para establecimientos mercantiles, industriales y de servicios de hasta 50 personas trabajadoras afectados por emergencias: conservar facturas y partes facilita la tramitación.

Todo esto encaja mejor cuando el municipio tiene sus planes al día y visibles. No es un formalismo: si el plan no se puede leer, el plan no existe. La NBPC y la Ley 17/2015 no piden solo planes bien escritos: piden planes conocidos. Publicar en la web municipal el Plan de Emergencia Municipal y su Anexo de Inundaciones, con versión breve y clara (mapas sencillos, qué hace el Ayuntamiento en cada fase y qué se espera de la ciudadanía), reduce incertidumbre y mejora el cumplimiento. En emergencias, entender a la primera es seguridad.

Cierro con una idea sencilla. Este temporal, como tantos en los últimos años, ha sido gestionado con planes, con gente que sabe lo que hace y con una ciudadanía que colabora siguiendo los canales oficiales. En situaciones como esta, mantengamos la prudencia y dejemos trabajar a los equipos: su esfuerzo de hoy es la normalidad de mañana. Si necesitamos una brújula en estas horas inquietas, ahí están: SNCZI y CHG para decidir por dónde no ir; 112 Andalucía, PTEAnd y PERI para entender cómo se decide y quién coordina; Ley 17/2015 y NBPC como garantías de información y coherencia. Lo demás, la calma, la ayuda mutua, el sentido común, corre de nuestra cuenta.

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