¿Y si fuera la nueva Marcha Verde?

01 de Agosto de 2026
Imagen alusiva a la llegada masiva de inmigrantes a Ceuta. Generada por IA

Hay hipótesis que no pueden demostrarse y que, por tanto, no deben convertirse en afirmaciones. Pero también hay hipótesis que, por su gravedad, sería irresponsable no contemplar.

Imaginemos que Marruecos hubiera decidido repetir, cincuenta años después, la estrategia de la Marcha Verde de 1975, pero adaptada al siglo XXI. Entonces el objetivo ya no sería el Sáhara. Sería Ceuta.

¿Tenemos pruebas de que eso esté ocurriendo? No. ¿Es posible? Sí. Y si es posible, España tiene la obligación de estar preparada.

En 1975, Marruecos no necesitó una invasión militar convencional para presionar a España. Movilizó a cientos de miles de civiles hacia el Sáhara y colocó a nuestro país ante una situación política y diplomática extraordinariamente difícil.

La Marcha Verde demostró que, para modificar una situación territorial, no siempre es necesario utilizar soldados. A veces basta con movilizar personas y crear una crisis que el otro no pueda o no sepa gestionar.

Hoy el escenario es diferente. Ceuta es España y frontera exterior de la Unión Europea. Pero precisamente por eso debemos preguntarnos si alguien podría intentar utilizar una estrategia similar con las herramientas del siglo XXI.

Una hipotética Marcha Verde sobre Ceuta no tendría por qué comenzar con militares. Podría comenzar con civiles. Miles de personas intentando cruzar simultáneamente una frontera. Servicios desbordados. Una crisis humanitaria retransmitida al mundo entero. Europa reclamando una respuesta y España enfrentándose al dilema de recuperar el control de su frontera o asumir el coste político de hacerlo. ¿Es esto lo que está ocurriendo? No lo sabemos. Pero sería ingenuo descartar automáticamente esa posibilidad.

Marruecos conoce el valor estratégico de Ceuta y Melilla. Y sus históricas reivindicaciones territoriales no se limitaron al Sáhara: también han incluido, desde hace décadas, a las ciudades españolas del norte de África. Son conflictos diferentes, pero responden a una misma aspiración territorial marroquí que España no puede ignorar.

Por eso debemos preguntarnos no solo qué está pasando, sino también qué podría haber detrás. ¿Una crisis migratoria espontánea? ¿Una operación de presión? ¿Una forma de medir la capacidad de respuesta de España? No tenemos pruebas para afirmar lo segundo. Pero tampoco podemos permitirnos el lujo de no contemplarlo. Y ante un asunto de esta trascendencia, España debería abandonar de una vez por todas la política partidista.

Es el momento de un pacto de Estado entre el PP y el PSOE sobre Ceuta y Melilla. Una posición común. Una estrategia nacional. Una línea roja compartida. Que Marruecos sepa que, gobierne quien gobierne en España, encontrará la misma respuesta cuando se trate de nuestra soberanía y de nuestras fronteras.

La unidad y la fortaleza son, en ocasiones, la mejor forma de evitar un conflicto. La historia nos enseña que las grandes operaciones de presión no siempre empiezan con soldados cruzando una frontera.
Por eso España debe prepararse para el peor escenario, aunque espere que nunca llegue. Prepararse para lo peor y esperar lo mejor.

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