Opinión: "Carrillo ya es historia de España", por Pedro Arroyo

19 de Septiembre de 2012
Opinión: "Carrillo ya es historia de España", por Pedro Arroyo
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En el día de ayer falleció en su casa de Madrid Santiago Carrillo a los 97 años de edad. Este asturiano nacido en Gijón, fue durante décadas el representante de la única opción política organizada opositora al Régimen del General Franco. Despertó con el paso del tiempo y seguramente por circunstancias ajenas a su voluntad, un interés inusitado en la sociedad española. Santiago Carrillo ha aparecido indisociablemente ligado durante mas de 40 años a la historia de España. Hoy después de su desaparición, habría que hacer un ejercicio de análisis de sus etapas vitales.

La primera está unida ineludiblemente a la Guerra Civil, cuando recientemente abandonadas las Juventudes Socialistas Unificadas, ingresa en el Partido Comunista y su posterior responsabilidad como Consejero de Orden Público de la Junta de Defensa de Madrid durante la contienda española. Esta etapa, quizá la mas oscura, estuvo marcada por los fusilamientos sumarísimos de Paracuellos del Jarama y que aún negando por activa y por pasiva su responsabilidad en esta matanza, muy pocos hoy en día dudan de su responsabilidad en razón de su cargo por acción u omisión.

La segunda etapa de su vida y quizá la mas larga, fue su exilio durante casi cuatro décadas. Su llegada a España en los años 70 significó que algo estaba cambiando en nuestro país. Una parte de la sociedad todavía no olvidaba el pasado reciente, había miedo y mucho rencor, pero Carrillo apostó por acabar con las dos Españas.

Realizó un trabajo incesante con el entonces joven Presidente Adolfo Suárez e intentó ocupar el espacio de la izquierda, cosa que no logró por la apuesta del PSOE por reformarse y por la aparición de un líder carismático, como fue en su momento Felipe González, y que abanderó la modernidad, frente al pasado que representaba el PCE de Carrillo. A pesar de ello el viejo líder comunista se sobrepuso a todo y trabajó y se entregó a la tarea de reconstrucción de la democracia con renuncias tan llamativas como la aceptación de la monarquía, la bandera y un respeto calculado a la Iglesia y a los poderes fácticos, incluso llegando a alejarse de los postulados de Moscú.

Una vez conseguida la democracia, con una transición modélica, la figura de este viejo luchador, fue desapareciendo de la primera fila de la política. El PCE cayó en decadencia y fue quedando fuera del protagonismo político. Tras un Congreso del PCE convulso en 1981, amenazó con su dimisión que se produjo posteriormente, iniciando así el principio del fin de este líder comunista. Defraudado de la política, abandonó el Partido Comunista y pasó a desempeñar un papel secundario en la misma, aunque nunca dejó de ser un referente de opinión de la izquierda.

Este personaje de la vida española de este siglo ya ha pasado a la historia, luces y sombras le acompañarán siempre, pero hay que reconocer su apuesta por la reconciliación de los españoles dentro de una monarquía parlamentaria y su ayuda decisiva a la consolidación del proceso de la Transición. En el futuro recordaremos a este político por su responsabilidad en Paracuellos pero también por la persona que apostó con sensatez por cerrar heridas y rencores para vivir en un país donde conviviéramos en libertad todos los españoles.

Pedro Arroyo Gómez.
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