Miércoles 12.12.2018

De la 'Breve aproximación histórico-jurídica al constitucionalismo español' de Julián Valle Rivas

De la 'Breve aproximación histórico-jurídica al constitucionalismo español' de Julián Valle Rivas

No es mala excusa la celebración de los cuarenta años de coexistencia bajo la Constitución del 78 para publicar un libro, no sobre esta, sino sobre todas las constituciones que ha tenido España. Y es buen asunto, pero realmente bueno, que sea un autor jurista, como Julián Valle Rivas, quien lo haya hecho. Después de Ni piedad ni perdón. Artículos 2011-2016 (2016), en el que recopila buena parte de sus artículos de prensa digital, y de su primera incursión novelística, Sanjorgistas y aracelitanos (2011), hallamos que Breve aproximación histórico-jurídica al constitucionalismo español (2018) contiene mezcla de ambos: ensayo y narrativa. Así, la primera parte la ocupa el ensayo con un excelente análisis de las constituciones, de los proyectos constitucionales y cartas otorgadas que ha tenido nuestro país. Desde el Estatuto de Bayona hasta la ya mencionada del 78; el estudio de esta última, por cierto, para quien firma estas líneas, es de lo mejor del volumen. Vale la pena detenerse en la definición que Valle Rivas hace de ella mediante su articulado y características generales:

Quizá termine siendo la excepción que confirma la regla, pero la Constitución de 1978 es una de las más, si no la más, consensuada de nuestra historia constitucional. Parece que a los españoles nos había entrado el canguelo, y nos lo estábamos tomando en serio. Actitud que nos llevaba a que no nos reconociera ni la madre que nos parió, por otro lado… La Constitución de 1978 es, por ende, el resultado de un singular consenso político. Un consenso entre todos los sectores, sociales, políticos, culturales, económicos; entre los ciudadanos y sus representantes; entre los españoles y el Estado. […] Es, por lo demás, una constitución de origen popular, cimentada sobre la base de la soberanía popular («La soberanía nacional reside en el pueblo español, del que emanan los poderes del Estado» –art. 1.2–); es la norma superior de nuestro ordenamiento jurídico […]; es polivalente, amparando las más diversas opciones políticas, de manera que éstas y los pertinentes gobiernos no están previamente proyectados; es completa, regulando con rigor los principios, derechos, deberes, libertades y valores constitucionales […]; y es una constitución influenciada, inspirada por la realidad constitucional de su tiempo.

El autor, al igual que en las constituciones anteriores, no solamente señala las luces, sino también las sombras de cada texto; en el caso de la del 78, extraemos lo siguiente:

Ciertamente, durante nuestro pasado más reciente, la quimérica literalidad de algunos de sus preceptos –sobre todo en cuanto a principios y derechos y libertades fundamentales– ha germinado en ciertas dosis de conflicto social, y la crisis económica sufrida en los últimos años ha servido como excusa para reestructurar el sistema socio-económico y laboral, apedreando derechos y principios, condenando el futuro y la naturaleza social del Estado. Pero, tras la reforma de 2011, hemos confirmado que tampoco esta Constitución es intocable, que está sujeta a intereses y caprichos, a las voluntades y miserias de los actores partícipes. Que la sumisión a ella carece sentido, pues su contenido puede amoldarse con facilidad en el momento oportuno.

La segunda parte del libro contiene el aspecto narrativo que antes considerábamos, si bien no abandona la exposición totalmente, lo que da como resultado el empleo de una prosa ágil y sugerente. Llama la atención aquí el rico lenguaje utilizado tanto para el humor como la gravedad de las distintas etapas históricas, en las que el autor valora o aplica a cada cual (época, nombre o situación) el mérito (y desmérito) que como ciudadano del siglo XXI le inspira. Sin duda, es un gran complemento a la parte ensayística, pues relata (expone, en algunos casos) lo que no ha podido escribir en la primera parte del libro. 

Entre que sí entre que no, Francisco Serrano se acomodó como Presidente de una República de concentración y, esperando a ver qué forma de gobierno nos cuadraba entonces, reinstauró la Constitución de 1869. Un texto que declaraba la Monarquía como poder constituido regía en una República sometida a una Dictadura. De locos. Fabricado en España, con certificado de calidad garantizado.
No obstante, como buen caballero, el viejo general cumplió. Pero, al subir al norte para atender la rebelión carlista —no dejaban de ser españoles y, por ende, tocapelotas—, su compañero de grado, el general Arsenio Martínez Campos, organizó un pronunciamiento en Sagunto favorable a la restauración de la monarquía con la dinastía borbónica, correspondiendo por suerte de nacimiento a don Alfonso de Borbón.

Breve aproximación histórico-jurídica al constitucionalismo español de Julián Valle Rivas es una obra que se hace especialmente necesaria hoy, cuando hallamos partidos políticos de distinto signo que o bien defienden o bien reprueban la Historia Constitucional sin conocerla, y piden mantener la actual inalterable, anquilosada, o piden reformarla por capricho, sin voluntad ni justo aprecio.