Vicente Dalda García-Taheño

La subestación de Lucena: quince años para enchufar una ciudad

Funcionario de carrera. Empresario. Exconcejal del Ayuntamiento de Lucena
17 de Junio de 2026
Foto: Magnific
Foto: Magnific

La historia de la subestación eléctrica de Lucena debería estudiarse en las facultades de Ciencias Políticas. No como ejemplo de buena gestión, sino como demostración práctica de cómo todas las administraciones pueden coincidir durante años en que algo es imprescindible y, aun así, ser incapaces de hacerlo realidad.

Llevamos más de una década escuchando que la subestación es fundamental para el crecimiento industrial, para nuevas viviendas y para el futuro de la ciudad. Han pasado alcaldes, concejales, delegados, consejeros, gobiernos de distintos colores y responsables de todo tipo. Todos han anunciado avances, reuniones decisivas y soluciones inminentes. Lo único que no ha llegado ha sido la propia subestación.

La situación tiene además un punto especialmente llamativo. Vivimos en una economía que presume de libre mercado, pero cuando llega el momento de construir una infraestructura esencial descubrimos que hay que esperar informes, condiciones y autorizaciones de compañías que ejercen, en la práctica, un monopolio sobre la distribución eléctrica. Y no basta con construir la instalación: debe hacerse exactamente como ellas determinen y, en muchos casos, por quien ellas acepten, para garantizar su futura recepción. Es decir, los propietarios ponen el suelo, los ciudadanos soportan los retrasos, las administraciones discuten durante años quién paga la factura y, al final, las reglas del juego las fija quien tiene la llave de la conexión.

Pero la subestación no es más que un síntoma de un problema mucho mayor. Las infraestructuras que permiten crecer a una ciudad rara vez ocupan titulares. Redes de abastecimiento de agua, saneamiento, depuración, capacidad eléctrica, depósitos, colectores o conducciones son inversiones poco vistosas. No se cortan cintas con facilidad, no generan fotografías espectaculares y es difícil convertirlas en un vídeo para redes sociales.

Quizá por eso se aplazan una y otra vez. Porque la política moderna parece sentirse más cómoda con lo inmediato y lo visible que con lo importante. Se discute durante semanas sobre proyectos llamativos, actividades festivas o iniciativas de impacto mediático, mientras cuestiones estratégicas que condicionan el futuro de una ciudad durante décadas permanecen en un cajón.

Las grandes infraestructuras suelen dar pocos votos. El rédito político suele estar en lo visible, en lo inmediato y en lo que genera aplausos rápidos. El viejo principio de "pan y circo" sigue gozando de excelente salud.

Lucena necesita garantizar su capacidad eléctrica, pero también reforzar y planificar adecuadamente sus infraestructuras hidráulicas y de saneamiento. Sin agua, sin depuración suficiente y sin redes preparadas para el crecimiento futuro, tampoco habrá desarrollo urbanístico ni industrial sostenible. Son las tuberías y los cables los que permiten crecer a una ciudad, aunque no den tantos titulares como otros asuntos.

Y aquí aparece una realidad incómoda: las grandes infraestructuras suelen dar pocos votos. Los ciudadanos apenas las ven cuando funcionan bien, pero todos sufren las consecuencias cuando faltan. Sin embargo, el rédito político suele estar en lo visible, en lo inmediato y en lo que genera aplausos rápidos. El viejo principio de "pan y circo" sigue gozando de excelente salud.

Mientras tanto, Lucena sigue esperando. Esperando estudios, esperando informes, esperando decisiones y esperando respuestas. Si la burocracia generara electricidad, la ciudad exportaría energía a media Europa. Y si las reuniones produjeran agua, probablemente no tendríamos que preocuparnos por las sequías.

Quizá algún día la subestación se construya y asistamos a la inevitable inauguración con fotografías, discursos y felicitaciones mutuas. Será entonces cuando algunos intenten presentar como un éxito lo que en realidad será la resolución tardía de un problema que nunca debió prolongarse durante tantos años.

Porque después de más de una década, la pregunta ya no es dónde irá la subestación. La pregunta es cómo tantos responsables políticos, de tantas administraciones y de distintos partidos, han conseguido convertir necesidades básicas para el futuro de la ciudad en problemas eternos. Y quizá la respuesta sea tan sencilla como preocupante: planificar el futuro exige trabajo, constancia y visión a largo plazo; inaugurar eventos, asistir a apertura de instalaciones de otros y buscar titulares suele ser bastante más rentable electoralmente.

Suscríbete a nuestra newsletter
Ahora también te mantenemos informado a través de nuestra newsletter diaria. Si deseas recibirla en tu correo electrónico solo tienes que registrarte como usuario completando tus datos en este enlace. Es un servicio totalmente gratuito de LucenaHoy.