martes 11.08.2020

FIESTAS ARACELITANAS

Antonio Ruiz desgrana en una conferencia los detalles de la corona de coronación de la Virgen de Araceli 

Antonio Ruiz desgrana en una conferencia los detalles de la corona de coronación de la Virgen de Araceli 

El historiador de Arte, Antonio Ruiz Granados realizó el pasado viernes una disertación sobre las Coronas de Coronación de María Santísima de Araceli en la que analizó la simbología de cada uno de los detalles que plasmó el autor Cayetano González.

En el salón de actos de la Casa Museo de la Virgen de Araceli, Antonio Ruiz inició su intervención exponiendo el origen de las coronaciones marianas en el siglo XVI de la mano de fray Jerónimo Paolucci Calboli da Froli. 

La corona de la Virgen, de estilo gótico, consta de canasto, imperiales y remate. El canasto comienza con un primer aro decorado con un cordoncillo que soporta un segundo aro de elementos vegetales e incrustaciones de joyas y pedrería procedentes de las donaciones realizadas para la corona, lo que hace que sean de distintas formas, material y color, expuso Antonio Ruiz. Un tercer aro decorado con perlas soporta el canasto donde, según el historiador de arte, “González despliega su imaginación inspirándose en un estilo artístico medieval, el gótico”.

Según Antonio Ruiz, la utilización del estilo gótico en el diseño de las coronas no era casual, puesto que “estaba vinculado  a la Virgen de Araceli que desde 1896 posesionaba en un trono neogótico de la casa Meneses, y que también tuvo tabernáculo neogótico en la parroquia de San Mateo para sus estancias del mes de mayo”.

El canasto está dividido en 16 espacios, a modo de capillas, 8 de mayor tamaño que las restantes, que hacen de división entre las mayores. Las capillas de mayor formato albergan escenas de la vida de la Virgen y escudos que se alternan y están rematadas por unos arcos con decoración de frondas, hojas salientes y retorcidas, explicó el ponente.

Con respecto a los escudos, Antonio Ruiz destacó que en la corona se muestran el del obispo de Córdoba  Adolfo Pérez Muñoz, el escudo de España del momento, la II República, que no incluía la cartela alusiva a los borbones pero sí una corona. Además, un escudo alusivo a la hermandad de la Virgen y el escudo de Lucena, también antes de la transformación en la que se incluyó la azucena como referencia a la Virgen.

Los espacios intermedios están ocupados por capillas de formato alargado, típicamente góticas, con ángeles muy estilizados.

Según Ruiz Granados, los imperiales “se presentan como un arco totalmente frontal, con dos líneas que discurren prácticamente paralelas y entre las que aparece una sucesión de cabezas de ángeles,” y de ahí brota decoración de cardinas y horas de cardo. “El remate está formado por un elemento que rompe la estética gótica de la corona y que ejerce de parteluz, creando un efecto de arcos geminados también muy típico del Gótico, a pesar de que esta pieza no siga este estilo”. Expone que ésta pieza, “probablemente se trate de una pieza anterior a la corona, quizá el pecherín al que se alude en la recogida de joyas para la elaboración de las preseas”. De esta pieza emerge la bola del mundo y la cruz, como remate de la corona de la Virgen.

Con respecto a la corona del Niño, señaló que sigue el mismo esquema de la de la Virgen, “si bien el canasto no presenta capillas sino una decoración vegetal y lineal ondulada, así como tracería, un elemento decorativo formado por combinaciones de figuras geométricas, mientras que el aro es totalmente semicircular, también rematado por la cruz”. 

 “El movimiento procoronación fue tomando cuerpo, sobre todo a raíz de la aparición de la Revista Aracelitana, cuyo primer número salió a la luz el 16 de julio de 1910”, fecha en la que se gestaron detalles como el atuendo de la coronación, un manto blanco bordado en oro a juego con la saya blanca de 1887, que en 1920 comenzó bajo su propio diseño la carmelita descalza María del Carmelo y estrenado en 1928, explicó Ruiz Granados destacando que el proceso de Coronación de María Santísima de Araceli se dilató en el tiempo “por la inestable situación política de nuestro país y por la falta de información ante los trámites que había que efectuar para llevar a buen fin la coronación canónica en un momento en que en nuestra diócesis ninguna imagen había alcanzado ese honor”. 

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